Deshojando margaritas, escribes tu nombre en la pared, dibujas corazones en la piel. Dejando los complejos a un lado, rompiendo los cristales con cuidado; es él el que derrama sonrisas a desconocidos, el que se descojona al darse cuenta que no hay nada en los bolsillos.
Nos quebramos, ignoramos, acostumbramos; nos mienten los ojos mientras entrelazamos las manos. Este calor evapora las lágrimas. Caemos mientras corremos tras ese gigante.
No recuerdo mi nombre, soy frágil por definición, me duermo en la sombra de tu sombra; ya no me luce la camisa rota.
Entender el modo, el porqué, la razón de ser, el miedo a perder, a despertar de esta película donde no saldrá el 'continuará'.
Todo es lo que necesito, nada lo que sobra, lo que pierde el alma cuando te vas. Es un billete mal doblado en mi cartera, la cara de la moneda que canjea un café descafeinado, la cola del mercado donde no me fían por miedo a que lo pueda pagar.
Ni soy un gentleman, ni tú una pija de Madrid. Hoy no esperes carrozas, no pagaré por vivir en la Moraleja. Prefiero el sucio en los zapatos y no el brillo. Soy más de gritos que de anillos, de malas caras, de madrugadas y no de madrugar.
Pero todo es pasar; y aquí no pasa nada.
31 jul 2014
13 may 2014
Charcos
Sombras chinas en la pared, distinta mierda que estropea mis tez.
El invierno queda lejos, la resaca de los ancestros.
Los besos que no eran nuestros, la sobredosis de complejos,
los techos descubiertos: somos niños inquietos.
Haz lo que quieras, si no molesta.
Espera la vida, echa la siesta.
No te rompas la cabeza, no es eterna.
Pega bien la oreja, no sonrías a cualquiera.
Es el punto medio, la rutina que en zig-zag sabotea de nubes negras nuestra azotea.
Somos los primeros, los hijos que siempre quisieron, los dueños que en el aseo,
aprendieron a decirse lo que no quiero, lo que no siento, lo que no debo.
Perfecta armonía sinfónica, cuestiones ecléctica, falsas sonrisas geométricas.
Que no soy yo.
Que es el mar mojando los dedos de mis pies.
Que es el agua dándome la sensación de lividez.
Que es el oxígeno que a la tercera evolución es ozono.
Que ya he tocado fondo, que de verdad que no soy yo.
Busco solo un encuentro, un tropezar en el desierto, un recoveco en tu cuerpo.
Son las esquinas que unen los versos, las señales de humo que me destruyen.
Me muero de deseo, de anhelo. Perdamos otro tren, volémonos de aquí;
la ciudad es demasiado gris, las paredes solo muestran mi cicatriz.
Mientras, el tic-tac de las horas ahoga mi despertar,
me miente y me dice que todo no es verdad.
Que no somos cómplices y que han dejado
a este viejo buceando en un charco.
El invierno queda lejos, la resaca de los ancestros.
Los besos que no eran nuestros, la sobredosis de complejos,
los techos descubiertos: somos niños inquietos.
Haz lo que quieras, si no molesta.
Espera la vida, echa la siesta.
No te rompas la cabeza, no es eterna.
Pega bien la oreja, no sonrías a cualquiera.
Es el punto medio, la rutina que en zig-zag sabotea de nubes negras nuestra azotea.
Somos los primeros, los hijos que siempre quisieron, los dueños que en el aseo,
aprendieron a decirse lo que no quiero, lo que no siento, lo que no debo.
Perfecta armonía sinfónica, cuestiones ecléctica, falsas sonrisas geométricas.
Que no soy yo.
Que es el mar mojando los dedos de mis pies.
Que es el agua dándome la sensación de lividez.
Que es el oxígeno que a la tercera evolución es ozono.
Que ya he tocado fondo, que de verdad que no soy yo.
Busco solo un encuentro, un tropezar en el desierto, un recoveco en tu cuerpo.
Son las esquinas que unen los versos, las señales de humo que me destruyen.
Me muero de deseo, de anhelo. Perdamos otro tren, volémonos de aquí;
la ciudad es demasiado gris, las paredes solo muestran mi cicatriz.
Mientras, el tic-tac de las horas ahoga mi despertar,
me miente y me dice que todo no es verdad.
Que no somos cómplices y que han dejado
a este viejo buceando en un charco.
17 mar 2014
Queda todavía
Hace días que no escribo. Será que estoy vacío, cautivo en un laberinto sin salida, preso de incoherencia, cerquita del infierno.
El sombrero esconde la claridad de la noche, los meses pasan las hojas de un diario, que en blanco esperan a ser rayadas.
Soy menos de mirar a los ojos y más de mostrar el cogote. Que en días como estos, en los que uno camina solo, te das cuenta que la carencia de sentido está presente.
Que ni con 2 ni con 3, ni con 23 ni ciento y uno volando, de mis manos se escapan los segundos, lo oblicuo y perpendicular a mi sentido.
Ya no quedan amigos, ahora cobro entrada al espectáculo. Hemos perdido los versos: nunca me enseñaron en la escuela a rimar perdición con armonía.
Siempre soñé con ser marinero, pescador de estrellas: un niño eterno.
Hoy solo soy un pordiosero, un vagabundo que malvive en la basura: el eterno infante que dejó de serlo.
Me fascina la noche, la facilidad de pecado, la botella en una mano y en la otra cualquiera. Serpientes que suben por el estómago, que estrangulan el sentido, que solo buscan tu cartera.
A la mierda con los príncipes azules, sucios farsantes, mediocres picassianos. Olvidé la carroza en doble fila, el palacio entre cartones y los zapatos de cristal.
Los instintos flojean, las pestañas se marchitan y las miradas se agrietan, me someten de rodillas.
Aturdido y vivo todavía, con diez y trece historias por contar, por mentir, por honrar, por joder, por morder, por reír, por vivir - al fin-. Que epopeyas como estas nunca superan a la ficción y ya no me sonrojo como antaño.
Será que me habré hecho mayor o que he perdido el respeto por todo.
El sombrero esconde la claridad de la noche, los meses pasan las hojas de un diario, que en blanco esperan a ser rayadas.
Soy menos de mirar a los ojos y más de mostrar el cogote. Que en días como estos, en los que uno camina solo, te das cuenta que la carencia de sentido está presente.
Que ni con 2 ni con 3, ni con 23 ni ciento y uno volando, de mis manos se escapan los segundos, lo oblicuo y perpendicular a mi sentido.
Ya no quedan amigos, ahora cobro entrada al espectáculo. Hemos perdido los versos: nunca me enseñaron en la escuela a rimar perdición con armonía.
Siempre soñé con ser marinero, pescador de estrellas: un niño eterno.
Hoy solo soy un pordiosero, un vagabundo que malvive en la basura: el eterno infante que dejó de serlo.
Me fascina la noche, la facilidad de pecado, la botella en una mano y en la otra cualquiera. Serpientes que suben por el estómago, que estrangulan el sentido, que solo buscan tu cartera.
A la mierda con los príncipes azules, sucios farsantes, mediocres picassianos. Olvidé la carroza en doble fila, el palacio entre cartones y los zapatos de cristal.
Los instintos flojean, las pestañas se marchitan y las miradas se agrietan, me someten de rodillas.
Aturdido y vivo todavía, con diez y trece historias por contar, por mentir, por honrar, por joder, por morder, por reír, por vivir - al fin-. Que epopeyas como estas nunca superan a la ficción y ya no me sonrojo como antaño.
Será que me habré hecho mayor o que he perdido el respeto por todo.
16 feb 2014
Oceano
Es como andar descalzo, donde la acera destroza tus talones y los reproches aumentan proporcionales al olvido. Nadie nos dijo palabras al oído, mentiras con sorna que nos descojonan la mirada. Son círculos cerrados que nos dan la vuelta, la vida perfecta, la mentira peor contada de la historia.
Nos quedan relojes de arena que van hacia atrás, la alarma de la desesperación, el coqueto que se mira en el espejo y se encuentra viejo, un desecho poco tierno.
Y no sabes qué es lo que quieres, lo que debes, lo que tienes. La cabeza es ironía en modo bucle; es un cuento convertido en saga. Son las ganas de hacer nada que se instalan en la rutina, la voluntad de detener el movimiento corpóreo, la voz desafinada que peca de hipocresía.
Míticos delirios, pesimismo con café solo y sin azúcar. Soledad acompañada de tostadas quemadas, de una falsa compañía, de la falta de chispa de niña.
Miente un poco, diles que va bien, que nadie importa más que yo. Cuéntale a mi nunca con susurros en los labios, verdades a medias, rutinas carentes de sentido, pasos que te retroceden en todo lo vivido.
Mar, llévame pronto; cuéntame viejas historias de amor, que entre las piedras se esconden parte de los resquicios de este corazón. ¿Dónde estás cuando necesitas palabras para llegar vivo a la orilla? Dame un oceano y te juro que me pierdo.
Nos quedan relojes de arena que van hacia atrás, la alarma de la desesperación, el coqueto que se mira en el espejo y se encuentra viejo, un desecho poco tierno.
Y no sabes qué es lo que quieres, lo que debes, lo que tienes. La cabeza es ironía en modo bucle; es un cuento convertido en saga. Son las ganas de hacer nada que se instalan en la rutina, la voluntad de detener el movimiento corpóreo, la voz desafinada que peca de hipocresía.
Míticos delirios, pesimismo con café solo y sin azúcar. Soledad acompañada de tostadas quemadas, de una falsa compañía, de la falta de chispa de niña.
Miente un poco, diles que va bien, que nadie importa más que yo. Cuéntale a mi nunca con susurros en los labios, verdades a medias, rutinas carentes de sentido, pasos que te retroceden en todo lo vivido.
Mar, llévame pronto; cuéntame viejas historias de amor, que entre las piedras se esconden parte de los resquicios de este corazón. ¿Dónde estás cuando necesitas palabras para llegar vivo a la orilla? Dame un oceano y te juro que me pierdo.
8 feb 2014
Cinco minutos
Sueños, las historias perfectas, las dudas infinitas entre las piernas, el receso de lo opuesto, el sentido de lo nuestro.
Cayendo como un huracán por las esquinas de esta ciudad, las calles se vuelven amargas, las aceras en línea recta hacia tus caderas.
Tiempos modernos para ser el más tierno de este cementerio de sombras funestas, de esposas que nos atan en noches como esta.
No me tengas en cuenta, solo soy el funambulista lisiado que me juego la vida sin la necesidad de pasar por el aro.
Que no estamos solos, que los fantasmas más arraigados controlan nuestros pasos, condicionan las miradas, miden nuestro tiempo.
Es la soledad del corredor de fondo, es saberse hundido en lo más hondo, encontrando en este foso las sábanas que me separen de este lodo.
No más dinamita, solo necesito esa sonrisa que me excita, ese caminar sin delicadeza, para ver pasar los días de niña a mujercita.
Derrocar al que controla el calendario, invitarle y emborracharnos y convencerle de que yo aquí me bajo.
Son las prisas, las malas noticias, los buenos suicidas, las noches que terminan cuando empieza el día.
Ya no quiero veranos en invierno, besos tiernos para escondernos, ni manos agarradas cuando yo me marchaba.
Jugarse la vida entera nuevamente en esa ruleta, ver pasar el caminar de las sombras, los zapatos rotos, las sábanas revueltas.
Son cinco minutos, ni uno más ni cinco menos, todo lo que necesito para volver a estar en mi sitio...
Cayendo como un huracán por las esquinas de esta ciudad, las calles se vuelven amargas, las aceras en línea recta hacia tus caderas.
Tiempos modernos para ser el más tierno de este cementerio de sombras funestas, de esposas que nos atan en noches como esta.
No me tengas en cuenta, solo soy el funambulista lisiado que me juego la vida sin la necesidad de pasar por el aro.
Que no estamos solos, que los fantasmas más arraigados controlan nuestros pasos, condicionan las miradas, miden nuestro tiempo.
Es la soledad del corredor de fondo, es saberse hundido en lo más hondo, encontrando en este foso las sábanas que me separen de este lodo.
No más dinamita, solo necesito esa sonrisa que me excita, ese caminar sin delicadeza, para ver pasar los días de niña a mujercita.
Derrocar al que controla el calendario, invitarle y emborracharnos y convencerle de que yo aquí me bajo.
Son las prisas, las malas noticias, los buenos suicidas, las noches que terminan cuando empieza el día.
Ya no quiero veranos en invierno, besos tiernos para escondernos, ni manos agarradas cuando yo me marchaba.
Jugarse la vida entera nuevamente en esa ruleta, ver pasar el caminar de las sombras, los zapatos rotos, las sábanas revueltas.
Son cinco minutos, ni uno más ni cinco menos, todo lo que necesito para volver a estar en mi sitio...
3 ene 2014
Carta a un desengaño
Eres mezquino,
tuerto de corazón,
elegante con el alma.
No te gusta el consuelo,
apartas lo que huele a fracaso.
No es la risa todo lo que reluce,
ni duda lo que siembras
en las noches más sombrías.
Te seduce ver el amanecer
con una copa en la mano,
tocarte pensando en otra página de diario,
pasarte las meses borracho.
Regentas el bar de la vida,
regateas el penique a la peluquera: zorra embustera.
Que no te hablen subiendo por el cuello.
Las manos son sordas al desengaño,
al pecado más burdo que el simple placer.
No te acuestas rendido a unos besos,
mejor hacer cuentas con lucifer.
tuerto de corazón,
elegante con el alma.
No te gusta el consuelo,
apartas lo que huele a fracaso.
No es la risa todo lo que reluce,
ni duda lo que siembras
en las noches más sombrías.
Te seduce ver el amanecer
con una copa en la mano,
tocarte pensando en otra página de diario,
pasarte las meses borracho.
Regentas el bar de la vida,
regateas el penique a la peluquera: zorra embustera.
Que no te hablen subiendo por el cuello.
Las manos son sordas al desengaño,
al pecado más burdo que el simple placer.
No te acuestas rendido a unos besos,
mejor hacer cuentas con lucifer.
28 dic 2013
Y no es que no quiera, que va...
Y no es que no quiera, que va. Es que la aceras se vuelven bosques oscuros donde los árboles en forma de farola hacen de los callejones un lugar perfecto para perderse. Los caminos que llevan al norte, tus ojos tras el horizonte, los pequeños gestos descorteses a la sobra de tu trasero.
Yo no quiero listas de la compra, calentarte los pies todas las noches, subir el volumen del televisor para demostrar que me interesa más lo que pasa en el mundo que en el mío. Odiaré levantarme antes para ducharme, tener que afeitarme y peinarme lo impeinable.
Quiero descubrir cada mañana una canción, ver una película todas las noches. Me encantaría descubrir que existen dos vidas y que ésta es solo un mero ensayo: el juego del error y acierto en su máximo exponente.
Desearía que el sufrimiento se concentrase en unos pocos: en esos hijos de puta que no se merecen ni el aire que respiran ni valen el precio de su bala. Pero como eso de la violencia no me va en demasía, me conformaría con una sonrisa; una torpe mueca que pague todas mis deudas.
Cuando en un mismo día te encuentras a dos personas, que en el pasado hubieras puesto la pierna entera y parte de la otra, y las dos se hacen nacionalistas suecos... Something stupid is happening -perdón por el inglés, sigo pagándome la formación-.
Y sin ánimo de agitar mi cabellera y sin de que el viento se la llevé, deseo una feliz vida a todo aquel que pueda tener más personalidad que su foto de Facebook. A todo aquel que por las noches pueda permitirse el lujo de dormir y no amanezca con las sábanas húmedas. Al resto, como yo, esta vida es demasiado puta como para tomársela demasiado en serio: yo no sé escribir y tampoco me voy jactando de ello.
Sonrisas y lágrimas, pecado de Adán, heidis sin marcos tocándola otra vez como si fuera esta noche la última y nos vamos. Me esfuerzo por todo, me hundo por nada. Me marcho sin volver.
Mi bigote ya no es lo que era, mi chequera no es tan abultada como corta tu pollera; no esperes resquicios ni precipicios como nidos.
Y no es que no quiera, que va. Pero es que no lo quiero evitar. Si soy así, la vida ya me lo ha hecho pagar.
Yo no quiero listas de la compra, calentarte los pies todas las noches, subir el volumen del televisor para demostrar que me interesa más lo que pasa en el mundo que en el mío. Odiaré levantarme antes para ducharme, tener que afeitarme y peinarme lo impeinable.
Quiero descubrir cada mañana una canción, ver una película todas las noches. Me encantaría descubrir que existen dos vidas y que ésta es solo un mero ensayo: el juego del error y acierto en su máximo exponente.
Desearía que el sufrimiento se concentrase en unos pocos: en esos hijos de puta que no se merecen ni el aire que respiran ni valen el precio de su bala. Pero como eso de la violencia no me va en demasía, me conformaría con una sonrisa; una torpe mueca que pague todas mis deudas.
Cuando en un mismo día te encuentras a dos personas, que en el pasado hubieras puesto la pierna entera y parte de la otra, y las dos se hacen nacionalistas suecos... Something stupid is happening -perdón por el inglés, sigo pagándome la formación-.
Y sin ánimo de agitar mi cabellera y sin de que el viento se la llevé, deseo una feliz vida a todo aquel que pueda tener más personalidad que su foto de Facebook. A todo aquel que por las noches pueda permitirse el lujo de dormir y no amanezca con las sábanas húmedas. Al resto, como yo, esta vida es demasiado puta como para tomársela demasiado en serio: yo no sé escribir y tampoco me voy jactando de ello.
Sonrisas y lágrimas, pecado de Adán, heidis sin marcos tocándola otra vez como si fuera esta noche la última y nos vamos. Me esfuerzo por todo, me hundo por nada. Me marcho sin volver.
Mi bigote ya no es lo que era, mi chequera no es tan abultada como corta tu pollera; no esperes resquicios ni precipicios como nidos.
Y no es que no quiera, que va. Pero es que no lo quiero evitar. Si soy así, la vida ya me lo ha hecho pagar.
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