Hoy estoy triste. Sí, para qué vamos a negarlo e irnos con rodeos. Oye, que no pasa nada eh; que al final esto es un estado pasajero. Es como el que tiene frío o el que tiene calor. Quizás, en esto de estar triste no sea tan fácil como taparse con una manta o quitarse la camiseta. Pero vamos, que tampoco vayamos a hacer de esto un drama, ni mucho menos.
Casi es como una necesidad fisiológica, como una menstruación emocional que hombres y mujeres deberíamos pasar por lo menos dos veces al mes. Estar triste no creo que sea algo negativo ni tampoco creo que sea una sensación de que algo nos falta. Es más bien un estado de alerta, una revisión de complejos internos y de conocimiento de uno mismo.
Seguramente, tú lector, alguna vez te habrás sentido triste. No creo que sea algo con lo que decidas levantarte, es más bien aquello que se te impone en tu día y que te acompaña a lo largo del mismo. Y es que tampoco hay que darle mayor importancia, porque seguramente mañana cuando te levantes, ni te acordarás de esa nube negra que en el día de ayer te nubló los pensamientos.
Seamos sinceros, muchas veces razones nos faltan para estar tristes; pero claro, pasarse la vida entera con la sensación de que todo es una mierda, pues que digamos, tampoco es plan. El ser humano ha desarrollado la capacidad de olvidarse en gran parte de las cosas malas y así quedarse con aquellas que no lo son tanto. Considero que también se trata de un mecanismo de supervivencia, ya que si nos parásemos a analizar la mierda que nos rodea, ahora sí, la tristeza embadurnaría todos y cada uno de nuestros días.
En ocasiones, lo mejor que podemos hacer es imaginar que nuestra vida es como una película y que con un simple fundido a negro pasaremos a otra secuencia. No sabemos si mejor o peor, pero vamos, que ya con ser distinta nos podemos dar con un canto en los dientes. Quédate con el concepto "fundido a negro y a seguir".
Es cierto también que en esta sociedad en la que por un lado tendemos a frivolizar el sufrimiento y por otro a acentuar nuestro males, creando una exageración de ellos bastante considerable, ya no sabes muy bien cuál debe ser la vara de medir la tristeza y qué es muy triste o poco triste.
En definitiva, que un día tonto -triste- lo puede tener cualquiera. Que ya ves tú, que la cosa no está como para ir quejándose. Es bueno pensar que como siempre puede haber alguien mucho más gilipollas que tú, también habrá alguien mucho más jodido que tú. Es triste -valga la redundancia-, pero es así.
De modo que mañana será otro día, "fundido a negro" y buenas noches.
7 ago 2014
31 jul 2014
Aquí no pasa nada
Deshojando margaritas, escribes tu nombre en la pared, dibujas corazones en la piel. Dejando los complejos a un lado, rompiendo los cristales con cuidado; es él el que derrama sonrisas a desconocidos, el que se descojona al darse cuenta que no hay nada en los bolsillos.
Nos quebramos, ignoramos, acostumbramos; nos mienten los ojos mientras entrelazamos las manos. Este calor evapora las lágrimas. Caemos mientras corremos tras ese gigante.
No recuerdo mi nombre, soy frágil por definición, me duermo en la sombra de tu sombra; ya no me luce la camisa rota.
Entender el modo, el porqué, la razón de ser, el miedo a perder, a despertar de esta película donde no saldrá el 'continuará'.
Todo es lo que necesito, nada lo que sobra, lo que pierde el alma cuando te vas. Es un billete mal doblado en mi cartera, la cara de la moneda que canjea un café descafeinado, la cola del mercado donde no me fían por miedo a que lo pueda pagar.
Ni soy un gentleman, ni tú una pija de Madrid. Hoy no esperes carrozas, no pagaré por vivir en la Moraleja. Prefiero el sucio en los zapatos y no el brillo. Soy más de gritos que de anillos, de malas caras, de madrugadas y no de madrugar.
Pero todo es pasar; y aquí no pasa nada.
Nos quebramos, ignoramos, acostumbramos; nos mienten los ojos mientras entrelazamos las manos. Este calor evapora las lágrimas. Caemos mientras corremos tras ese gigante.
No recuerdo mi nombre, soy frágil por definición, me duermo en la sombra de tu sombra; ya no me luce la camisa rota.
Entender el modo, el porqué, la razón de ser, el miedo a perder, a despertar de esta película donde no saldrá el 'continuará'.
Todo es lo que necesito, nada lo que sobra, lo que pierde el alma cuando te vas. Es un billete mal doblado en mi cartera, la cara de la moneda que canjea un café descafeinado, la cola del mercado donde no me fían por miedo a que lo pueda pagar.
Ni soy un gentleman, ni tú una pija de Madrid. Hoy no esperes carrozas, no pagaré por vivir en la Moraleja. Prefiero el sucio en los zapatos y no el brillo. Soy más de gritos que de anillos, de malas caras, de madrugadas y no de madrugar.
Pero todo es pasar; y aquí no pasa nada.
13 may 2014
Charcos
Sombras chinas en la pared, distinta mierda que estropea mis tez.
El invierno queda lejos, la resaca de los ancestros.
Los besos que no eran nuestros, la sobredosis de complejos,
los techos descubiertos: somos niños inquietos.
Haz lo que quieras, si no molesta.
Espera la vida, echa la siesta.
No te rompas la cabeza, no es eterna.
Pega bien la oreja, no sonrías a cualquiera.
Es el punto medio, la rutina que en zig-zag sabotea de nubes negras nuestra azotea.
Somos los primeros, los hijos que siempre quisieron, los dueños que en el aseo,
aprendieron a decirse lo que no quiero, lo que no siento, lo que no debo.
Perfecta armonía sinfónica, cuestiones ecléctica, falsas sonrisas geométricas.
Que no soy yo.
Que es el mar mojando los dedos de mis pies.
Que es el agua dándome la sensación de lividez.
Que es el oxígeno que a la tercera evolución es ozono.
Que ya he tocado fondo, que de verdad que no soy yo.
Busco solo un encuentro, un tropezar en el desierto, un recoveco en tu cuerpo.
Son las esquinas que unen los versos, las señales de humo que me destruyen.
Me muero de deseo, de anhelo. Perdamos otro tren, volémonos de aquí;
la ciudad es demasiado gris, las paredes solo muestran mi cicatriz.
Mientras, el tic-tac de las horas ahoga mi despertar,
me miente y me dice que todo no es verdad.
Que no somos cómplices y que han dejado
a este viejo buceando en un charco.
El invierno queda lejos, la resaca de los ancestros.
Los besos que no eran nuestros, la sobredosis de complejos,
los techos descubiertos: somos niños inquietos.
Haz lo que quieras, si no molesta.
Espera la vida, echa la siesta.
No te rompas la cabeza, no es eterna.
Pega bien la oreja, no sonrías a cualquiera.
Es el punto medio, la rutina que en zig-zag sabotea de nubes negras nuestra azotea.
Somos los primeros, los hijos que siempre quisieron, los dueños que en el aseo,
aprendieron a decirse lo que no quiero, lo que no siento, lo que no debo.
Perfecta armonía sinfónica, cuestiones ecléctica, falsas sonrisas geométricas.
Que no soy yo.
Que es el mar mojando los dedos de mis pies.
Que es el agua dándome la sensación de lividez.
Que es el oxígeno que a la tercera evolución es ozono.
Que ya he tocado fondo, que de verdad que no soy yo.
Busco solo un encuentro, un tropezar en el desierto, un recoveco en tu cuerpo.
Son las esquinas que unen los versos, las señales de humo que me destruyen.
Me muero de deseo, de anhelo. Perdamos otro tren, volémonos de aquí;
la ciudad es demasiado gris, las paredes solo muestran mi cicatriz.
Mientras, el tic-tac de las horas ahoga mi despertar,
me miente y me dice que todo no es verdad.
Que no somos cómplices y que han dejado
a este viejo buceando en un charco.
17 mar 2014
Queda todavía
Hace días que no escribo. Será que estoy vacío, cautivo en un laberinto sin salida, preso de incoherencia, cerquita del infierno.
El sombrero esconde la claridad de la noche, los meses pasan las hojas de un diario, que en blanco esperan a ser rayadas.
Soy menos de mirar a los ojos y más de mostrar el cogote. Que en días como estos, en los que uno camina solo, te das cuenta que la carencia de sentido está presente.
Que ni con 2 ni con 3, ni con 23 ni ciento y uno volando, de mis manos se escapan los segundos, lo oblicuo y perpendicular a mi sentido.
Ya no quedan amigos, ahora cobro entrada al espectáculo. Hemos perdido los versos: nunca me enseñaron en la escuela a rimar perdición con armonía.
Siempre soñé con ser marinero, pescador de estrellas: un niño eterno.
Hoy solo soy un pordiosero, un vagabundo que malvive en la basura: el eterno infante que dejó de serlo.
Me fascina la noche, la facilidad de pecado, la botella en una mano y en la otra cualquiera. Serpientes que suben por el estómago, que estrangulan el sentido, que solo buscan tu cartera.
A la mierda con los príncipes azules, sucios farsantes, mediocres picassianos. Olvidé la carroza en doble fila, el palacio entre cartones y los zapatos de cristal.
Los instintos flojean, las pestañas se marchitan y las miradas se agrietan, me someten de rodillas.
Aturdido y vivo todavía, con diez y trece historias por contar, por mentir, por honrar, por joder, por morder, por reír, por vivir - al fin-. Que epopeyas como estas nunca superan a la ficción y ya no me sonrojo como antaño.
Será que me habré hecho mayor o que he perdido el respeto por todo.
El sombrero esconde la claridad de la noche, los meses pasan las hojas de un diario, que en blanco esperan a ser rayadas.
Soy menos de mirar a los ojos y más de mostrar el cogote. Que en días como estos, en los que uno camina solo, te das cuenta que la carencia de sentido está presente.
Que ni con 2 ni con 3, ni con 23 ni ciento y uno volando, de mis manos se escapan los segundos, lo oblicuo y perpendicular a mi sentido.
Ya no quedan amigos, ahora cobro entrada al espectáculo. Hemos perdido los versos: nunca me enseñaron en la escuela a rimar perdición con armonía.
Siempre soñé con ser marinero, pescador de estrellas: un niño eterno.
Hoy solo soy un pordiosero, un vagabundo que malvive en la basura: el eterno infante que dejó de serlo.
Me fascina la noche, la facilidad de pecado, la botella en una mano y en la otra cualquiera. Serpientes que suben por el estómago, que estrangulan el sentido, que solo buscan tu cartera.
A la mierda con los príncipes azules, sucios farsantes, mediocres picassianos. Olvidé la carroza en doble fila, el palacio entre cartones y los zapatos de cristal.
Los instintos flojean, las pestañas se marchitan y las miradas se agrietan, me someten de rodillas.
Aturdido y vivo todavía, con diez y trece historias por contar, por mentir, por honrar, por joder, por morder, por reír, por vivir - al fin-. Que epopeyas como estas nunca superan a la ficción y ya no me sonrojo como antaño.
Será que me habré hecho mayor o que he perdido el respeto por todo.
16 feb 2014
Oceano
Es como andar descalzo, donde la acera destroza tus talones y los reproches aumentan proporcionales al olvido. Nadie nos dijo palabras al oído, mentiras con sorna que nos descojonan la mirada. Son círculos cerrados que nos dan la vuelta, la vida perfecta, la mentira peor contada de la historia.
Nos quedan relojes de arena que van hacia atrás, la alarma de la desesperación, el coqueto que se mira en el espejo y se encuentra viejo, un desecho poco tierno.
Y no sabes qué es lo que quieres, lo que debes, lo que tienes. La cabeza es ironía en modo bucle; es un cuento convertido en saga. Son las ganas de hacer nada que se instalan en la rutina, la voluntad de detener el movimiento corpóreo, la voz desafinada que peca de hipocresía.
Míticos delirios, pesimismo con café solo y sin azúcar. Soledad acompañada de tostadas quemadas, de una falsa compañía, de la falta de chispa de niña.
Miente un poco, diles que va bien, que nadie importa más que yo. Cuéntale a mi nunca con susurros en los labios, verdades a medias, rutinas carentes de sentido, pasos que te retroceden en todo lo vivido.
Mar, llévame pronto; cuéntame viejas historias de amor, que entre las piedras se esconden parte de los resquicios de este corazón. ¿Dónde estás cuando necesitas palabras para llegar vivo a la orilla? Dame un oceano y te juro que me pierdo.
Nos quedan relojes de arena que van hacia atrás, la alarma de la desesperación, el coqueto que se mira en el espejo y se encuentra viejo, un desecho poco tierno.
Y no sabes qué es lo que quieres, lo que debes, lo que tienes. La cabeza es ironía en modo bucle; es un cuento convertido en saga. Son las ganas de hacer nada que se instalan en la rutina, la voluntad de detener el movimiento corpóreo, la voz desafinada que peca de hipocresía.
Míticos delirios, pesimismo con café solo y sin azúcar. Soledad acompañada de tostadas quemadas, de una falsa compañía, de la falta de chispa de niña.
Miente un poco, diles que va bien, que nadie importa más que yo. Cuéntale a mi nunca con susurros en los labios, verdades a medias, rutinas carentes de sentido, pasos que te retroceden en todo lo vivido.
Mar, llévame pronto; cuéntame viejas historias de amor, que entre las piedras se esconden parte de los resquicios de este corazón. ¿Dónde estás cuando necesitas palabras para llegar vivo a la orilla? Dame un oceano y te juro que me pierdo.
8 feb 2014
Cinco minutos
Sueños, las historias perfectas, las dudas infinitas entre las piernas, el receso de lo opuesto, el sentido de lo nuestro.
Cayendo como un huracán por las esquinas de esta ciudad, las calles se vuelven amargas, las aceras en línea recta hacia tus caderas.
Tiempos modernos para ser el más tierno de este cementerio de sombras funestas, de esposas que nos atan en noches como esta.
No me tengas en cuenta, solo soy el funambulista lisiado que me juego la vida sin la necesidad de pasar por el aro.
Que no estamos solos, que los fantasmas más arraigados controlan nuestros pasos, condicionan las miradas, miden nuestro tiempo.
Es la soledad del corredor de fondo, es saberse hundido en lo más hondo, encontrando en este foso las sábanas que me separen de este lodo.
No más dinamita, solo necesito esa sonrisa que me excita, ese caminar sin delicadeza, para ver pasar los días de niña a mujercita.
Derrocar al que controla el calendario, invitarle y emborracharnos y convencerle de que yo aquí me bajo.
Son las prisas, las malas noticias, los buenos suicidas, las noches que terminan cuando empieza el día.
Ya no quiero veranos en invierno, besos tiernos para escondernos, ni manos agarradas cuando yo me marchaba.
Jugarse la vida entera nuevamente en esa ruleta, ver pasar el caminar de las sombras, los zapatos rotos, las sábanas revueltas.
Son cinco minutos, ni uno más ni cinco menos, todo lo que necesito para volver a estar en mi sitio...
Cayendo como un huracán por las esquinas de esta ciudad, las calles se vuelven amargas, las aceras en línea recta hacia tus caderas.
Tiempos modernos para ser el más tierno de este cementerio de sombras funestas, de esposas que nos atan en noches como esta.
No me tengas en cuenta, solo soy el funambulista lisiado que me juego la vida sin la necesidad de pasar por el aro.
Que no estamos solos, que los fantasmas más arraigados controlan nuestros pasos, condicionan las miradas, miden nuestro tiempo.
Es la soledad del corredor de fondo, es saberse hundido en lo más hondo, encontrando en este foso las sábanas que me separen de este lodo.
No más dinamita, solo necesito esa sonrisa que me excita, ese caminar sin delicadeza, para ver pasar los días de niña a mujercita.
Derrocar al que controla el calendario, invitarle y emborracharnos y convencerle de que yo aquí me bajo.
Son las prisas, las malas noticias, los buenos suicidas, las noches que terminan cuando empieza el día.
Ya no quiero veranos en invierno, besos tiernos para escondernos, ni manos agarradas cuando yo me marchaba.
Jugarse la vida entera nuevamente en esa ruleta, ver pasar el caminar de las sombras, los zapatos rotos, las sábanas revueltas.
Son cinco minutos, ni uno más ni cinco menos, todo lo que necesito para volver a estar en mi sitio...
3 ene 2014
Carta a un desengaño
Eres mezquino,
tuerto de corazón,
elegante con el alma.
No te gusta el consuelo,
apartas lo que huele a fracaso.
No es la risa todo lo que reluce,
ni duda lo que siembras
en las noches más sombrías.
Te seduce ver el amanecer
con una copa en la mano,
tocarte pensando en otra página de diario,
pasarte las meses borracho.
Regentas el bar de la vida,
regateas el penique a la peluquera: zorra embustera.
Que no te hablen subiendo por el cuello.
Las manos son sordas al desengaño,
al pecado más burdo que el simple placer.
No te acuestas rendido a unos besos,
mejor hacer cuentas con lucifer.
tuerto de corazón,
elegante con el alma.
No te gusta el consuelo,
apartas lo que huele a fracaso.
No es la risa todo lo que reluce,
ni duda lo que siembras
en las noches más sombrías.
Te seduce ver el amanecer
con una copa en la mano,
tocarte pensando en otra página de diario,
pasarte las meses borracho.
Regentas el bar de la vida,
regateas el penique a la peluquera: zorra embustera.
Que no te hablen subiendo por el cuello.
Las manos son sordas al desengaño,
al pecado más burdo que el simple placer.
No te acuestas rendido a unos besos,
mejor hacer cuentas con lucifer.
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