13 oct 2013

El pez que te muerde la cola

Seré una especie en extinción, un rompecabezas trucado, una vena descosida.
Y nos miraremos al espejo, pellejos, como dos desconocidos que se reprochan lo perdido.
Es el triunfo de lo obsoleto, el juguete roto que te regalan por navidad.
Es un sorbo más, el apuro que nos da esperar que las esquinas nos haga tropezar.
Somos díscolos niños que no se encuentran, deseos que nunca se harán realidad, la cama desecha y las zapatillas de invierno sin sacar.

Sorpresas de ojos tapados, de habitaciones desordenadas, de cerrar la puerta intentando que mañana sea otro día. 
La búsqueda del sentido perdiendo el sentido. La vida con dirección asistida, música a toda pastilla y asientos acolchados.
Me tiemblan las manos al coger las tuyas, me enmaraño el pelo y apuro lo que me queda de uñas.

No hay futuro en el presente. Nos han robado los sueños antes de soñar; nos han quitado las alas antes de volar.
Y puedo ser irónico, ingenuo y superfluo. También algo dramático e histérico. Y sin embargo, uno y uno ya no son dos. Es el espacio por el tiempo, mi norte en tu sur, el eco de un beso al cuadrado: la ecuación perfecta jamás hecha.

El no saber qué pisar, el dueño de mi más sincero silencio y el preso de unas dudas que como mínimo son infinitas. Ser el pez que te muerde la cola, el híbrido del bien y el mal que solo te pide un ratito más.

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