No quedan argumentos,
los efectos secundarios de otra vieja historia destrozada.
Solo ante el infierno,
descalzo y en los huesos,
no nos quedaran ni los restos de una conquista,
ni la brisa que agita tu camisa.
Dejando entrever lo que nos pierde,
restando la indolencia,
el lúgubre latido de un corazón solitario a la luz de una farola.
Las semanas empiezan cuando se desenredan las telarañas del corazón,
cuando brotan los besos ásperos como el acero.
Nos jactamos del pecado, del ruin pensar,
de lo que nos cuesta enseñar el ombligo:
que la luna todavía no ha sido testigo.
Necesitamos sentirnos,
que nuestros ojos dormidos no se sientan heridos de no mirarnos
y nuestros despertares no sean tan amargos
cuando no nos buscamos sin habernos encontrado.
La escalera de la espiral infinita
busca su puerta escondida en cualquier esquina;
se encuentra perdida y solitaria en esas noches malditas.
No perdonan los bares, las copas a ras de hielo,
los trajes a medida, el pelo revuelto y la barba de no haber roto un plato.
Es la historia que busca un argumento,
el éxtasis con giro imprevisto;
el antihéroe, el viejo mendrugo que te miente al oído.
30 oct 2013
13 oct 2013
El pez que te muerde la cola
Seré una especie en extinción, un rompecabezas trucado, una vena descosida.
Y nos miraremos al espejo, pellejos, como dos desconocidos que se reprochan lo perdido.
Es el triunfo de lo obsoleto, el juguete roto que te regalan por navidad.
Es un sorbo más, el apuro que nos da esperar que las esquinas nos haga tropezar.
Somos díscolos niños que no se encuentran, deseos que nunca se harán realidad, la cama desecha y las zapatillas de invierno sin sacar.
Sorpresas de ojos tapados, de habitaciones desordenadas, de cerrar la puerta intentando que mañana sea otro día.
La búsqueda del sentido perdiendo el sentido. La vida con dirección asistida, música a toda pastilla y asientos acolchados.
Me tiemblan las manos al coger las tuyas, me enmaraño el pelo y apuro lo que me queda de uñas.
No hay futuro en el presente. Nos han robado los sueños antes de soñar; nos han quitado las alas antes de volar.
Y puedo ser irónico, ingenuo y superfluo. También algo dramático e histérico. Y sin embargo, uno y uno ya no son dos. Es el espacio por el tiempo, mi norte en tu sur, el eco de un beso al cuadrado: la ecuación perfecta jamás hecha.
El no saber qué pisar, el dueño de mi más sincero silencio y el preso de unas dudas que como mínimo son infinitas. Ser el pez que te muerde la cola, el híbrido del bien y el mal que solo te pide un ratito más.
23 ago 2013
Dios en Agosto está de vacaciones
El trabajo es el reino del exceso, un beso con sabor a despecho.
Que los viernes no son y los lunes nunca llegan.
No hay tregua ni compás, la furia y el deseo cogidos de la mano:
hurgan en mi pantalón.
Soplan vientos mejores, bóvedas acorchadas y mojadas, sinfonías desafinadas.
Se mira y no se toca, se mima y lo disfrutas.
Sigue subiendo, la cuesta está cerca.
Las sobras, la niebla, las sombras que nos acechan.
Y no es que no quiera, es el acongojo,
el pecho de lobo, el lodo que queda cuando el mar se lleva la arena.
Las estaciones me regañan: me dicen que dónde voy, cobarde.
El frío verano es una ilusión
y en primavera los poros son lo que sobra, los despojos de un "lo siento".
Que ya no queda casi nadie, que sobran los motivos;
la melancolía como medicina, estropeando el paisaje:
la isla del tesoro que un día conquistamos, el lugar donde aquél día fuimos capitanes.
Somos la sorpresa desvelada,
el somnífero que de madrugada mezclas con café solo con hielo.
Que Dios no perdone, no despierte de esta incertidumbre,
y no le tiemblen los nudillos del azote.
La vergüenza, la desidia, y el desengaño:
la orgía perfecta que cada noche se enfarlopa.
Que los viernes no son y los lunes nunca llegan.
No hay tregua ni compás, la furia y el deseo cogidos de la mano:
hurgan en mi pantalón.
Soplan vientos mejores, bóvedas acorchadas y mojadas, sinfonías desafinadas.
Se mira y no se toca, se mima y lo disfrutas.
Sigue subiendo, la cuesta está cerca.
Las sobras, la niebla, las sombras que nos acechan.
Y no es que no quiera, es el acongojo,
el pecho de lobo, el lodo que queda cuando el mar se lleva la arena.
Las estaciones me regañan: me dicen que dónde voy, cobarde.
El frío verano es una ilusión
y en primavera los poros son lo que sobra, los despojos de un "lo siento".
Que ya no queda casi nadie, que sobran los motivos;
la melancolía como medicina, estropeando el paisaje:
la isla del tesoro que un día conquistamos, el lugar donde aquél día fuimos capitanes.
Somos la sorpresa desvelada,
el somnífero que de madrugada mezclas con café solo con hielo.
Que Dios no perdone, no despierte de esta incertidumbre,
y no le tiemblen los nudillos del azote.
La vergüenza, la desidia, y el desengaño:
la orgía perfecta que cada noche se enfarlopa.
14 ago 2013
Colgar
Sin paliativos ni dejes del sur sino con plegarias a los viejos dioses. La sombra desespera, la espera me altera en este invierno estival.
Que en el pasado nunca estuve bien, que me quedo en el presente, con permiso de mis disidentes. Querer que quiero querer, y envejezco con las hojas del calendario, con los días de fracaso, con los que quedan después de haberme marchado.
Me estresa la incompetencia, las bajezas sin gracia, las noches en las que no se acaba la botella. Me duermo en mis esquinas, me abruman las tonterías de más de 26.
Me paso el día calculando los meses próximos, planificando los segundos no vividos. Y es que no puedo saber si estoy en el camino, si puedo servir, si me como el mundo o el mundo me come a mi.
He visto la maldad en persona y le he llamado "hija de puta"; no tengo tiempo para más.
Si quieres nos vemos en la siguiente esquina y nos besamos, nos escondemos de nosotros mismos, nos buscamos en los espejos, en las falsas miradas de inexpresivas que lo dicen todo.
Volemos a ninguna parte, sentémonos en la misma mesa: volvamos a ser como antes.
La cerilla me arde, el tiempo es un complejo, la duda un lamento.
Que sin ti me cuesta, que sin ti no siento.
Los caminos se vuelven obtusos, los besos secretos. Las pestañas son el viento que nos lleva, la sorpresa de cualquier deseo de aprendiz, las historias que siempre quise olvidar no recordando si hablaban de ti o de mi.
Viejos bancos en el parque, gastados de ver pasar, de dar de comer a las palomas que mañana volarán. No quiero ni puedo. Ya perdí la dignidad, ya he vaciado el bolsillo ajeno; ya no puedo permitirme más cuentos.
Volver a empezar. Como si un año no hubiera pasado, como si aquí no pasara nada; como si mañana por la mañana las cagadas se tornaran hazañas y las victorias dulces epopeyas jamás contadas.
Porque la vida enseña y olvida, porque las pesadillas las inventaron los sueños para ver que siempre hay algo peor. Porque ahora, lo mejor es colgar el teléfono y esperar que mañana se vuelvan a equivocar.
22 jun 2013
Lo que de verdad importa
Porque no te quiero tanto y solo necesito un atisbo de felicidad, de ti y de nosotros.
Que hay que cambiar el mundo y enseñarles que NUNCA 1 + 1 fueron 2.
Pasas como una apisonadora por mi calendario, cubres las honras y las deshoras, poniendo un beso a mis gritos y un abrazo a cada mal gesto.
Me enseñaron a agarrarme a cualquier atisbo de felicidad, a que con la mirada sobren palabras...
Te sientes seguro, sabiendo que como soy caeré, pero ahora soy consciente de que lo primero que veré serán tus pies.
Palabras sordas para celebrar el primero de abril y que un demente se ha encontrado con la isla del tesoro, con las minas del rey Salomón.
Poco o nada soy. Me has enseñado a ver el lado bueno de las cosas, a discutir con quien se queda el perro y hacer que esto valga la pena, pensando que ahora no soy yo, sino nosotros.
Las mejores princesas no están en los cuentos; su padre no caza elefantes y no tiene un reality.
Cógeme la mano, hagamos un corte de mangas a los fantasmas y recuérdame lo que de verdad importa.
Que hay que cambiar el mundo y enseñarles que NUNCA 1 + 1 fueron 2.
Pasas como una apisonadora por mi calendario, cubres las honras y las deshoras, poniendo un beso a mis gritos y un abrazo a cada mal gesto.
Me enseñaron a agarrarme a cualquier atisbo de felicidad, a que con la mirada sobren palabras...
Te sientes seguro, sabiendo que como soy caeré, pero ahora soy consciente de que lo primero que veré serán tus pies.
Palabras sordas para celebrar el primero de abril y que un demente se ha encontrado con la isla del tesoro, con las minas del rey Salomón.
Poco o nada soy. Me has enseñado a ver el lado bueno de las cosas, a discutir con quien se queda el perro y hacer que esto valga la pena, pensando que ahora no soy yo, sino nosotros.
Las mejores princesas no están en los cuentos; su padre no caza elefantes y no tiene un reality.
Cógeme la mano, hagamos un corte de mangas a los fantasmas y recuérdame lo que de verdad importa.
21 jun 2013
Papel mojado
Llevo días queriendo expresarme, queriendo susurrar con palabras mientras espero el próximo autobús con destino excéntrico.
Un abrazo sobra, la espinita del que pudo y se quedó mirando; y mientras al que pisaron sirvió como ejemplo de cada paso.
Me hipnotizan los reproches, las falsas corazonadas, los enemigos buscados que se besan a escondidas en el callejón del sinsentido.
Es el piano de las olas, el manantial de sentimientos que cada mañana decido tirar por el retrete. Las falsas esperanzas, el reflejo de unos ojos pidiendo en gritos sordos un poco de calor.
Días donde un pedazo de cielo es reservado, donde cogerse de la mano es la salvación hacia el paraíso y una risa se parece a la melodía sinfónica más perfecta jamás hecha.
Las formas de los cuerpos imposibles, de los días que pasan inadvertidos, del papel mojado para escribir mentiras con toques de verdad.
Un abrazo sobra, la espinita del que pudo y se quedó mirando; y mientras al que pisaron sirvió como ejemplo de cada paso.
Me hipnotizan los reproches, las falsas corazonadas, los enemigos buscados que se besan a escondidas en el callejón del sinsentido.
Es el piano de las olas, el manantial de sentimientos que cada mañana decido tirar por el retrete. Las falsas esperanzas, el reflejo de unos ojos pidiendo en gritos sordos un poco de calor.
Días donde un pedazo de cielo es reservado, donde cogerse de la mano es la salvación hacia el paraíso y una risa se parece a la melodía sinfónica más perfecta jamás hecha.
Las formas de los cuerpos imposibles, de los días que pasan inadvertidos, del papel mojado para escribir mentiras con toques de verdad.
31 may 2013
Capitán
Son las sorpresas, las fiestas de cumpleaños en las que desoplas velas, los globos a los que he inhalado todo el helio, los sueños sin diástole ni dueño.
Las paredes saben demasiado; pequeñas virtudes hechas defectos, dudas infinitas de ser quienes somos. El eco de cualquier canción, la soledad de un resacón.
Es el espíritu imperecedero de quien se fue sin besarme en los labios, que dejó los zapatos debajo de la cama olvidados.
Si los principios no llenan los pantalones, son las reflexiones de un barco perdido en la madrugada de lo onírico, del capitán de la vida que algún día imagino. Derrochamos paisajes, crecimos entre animales, caníbales enamorados surcando mares, cerrando bares.
Y es que ya no bebo lo que bebía, ya no susurro a mujeres al borde de un precipicio. Me sacan de quicio las preposiciones indiscretas, los verbos de no poder acercarme demasiado, el adjetivo de lo pluscuamperfecto que se hace sustantivo de lo que quiero.
Puedo parecer ingénuo, pero callo más de lo que quiero; sé más de lo que pienso y pienso tanto que me ciego.
Sudando la tristeza del "ponme otra copa", de "la última y nos vamos" y esta noche está "todo pagado".
El día a día me confunde. Me atonto con relojes digitales donde no giran las manijas de la vida, donde no espero que me señalen el norte del destino, donde pican los gritos de los niños a la salida del colegio.
Pongo canciones tristes. Ya no me hablan de lo real, de lo que puedo palpar, de las lágrimas de la soledad verdadera, de los abrazos rotos que le das a una puta de carretera.
Otro chute de morfina, otro cigarro apagado en la yaga de mis pies, que descalzo anduvo por drogadicto perdido por los pliegues de tu piel.
Las paredes saben demasiado; pequeñas virtudes hechas defectos, dudas infinitas de ser quienes somos. El eco de cualquier canción, la soledad de un resacón.
Es el espíritu imperecedero de quien se fue sin besarme en los labios, que dejó los zapatos debajo de la cama olvidados.
Si los principios no llenan los pantalones, son las reflexiones de un barco perdido en la madrugada de lo onírico, del capitán de la vida que algún día imagino. Derrochamos paisajes, crecimos entre animales, caníbales enamorados surcando mares, cerrando bares.
Y es que ya no bebo lo que bebía, ya no susurro a mujeres al borde de un precipicio. Me sacan de quicio las preposiciones indiscretas, los verbos de no poder acercarme demasiado, el adjetivo de lo pluscuamperfecto que se hace sustantivo de lo que quiero.
Puedo parecer ingénuo, pero callo más de lo que quiero; sé más de lo que pienso y pienso tanto que me ciego.
Sudando la tristeza del "ponme otra copa", de "la última y nos vamos" y esta noche está "todo pagado".
El día a día me confunde. Me atonto con relojes digitales donde no giran las manijas de la vida, donde no espero que me señalen el norte del destino, donde pican los gritos de los niños a la salida del colegio.
Pongo canciones tristes. Ya no me hablan de lo real, de lo que puedo palpar, de las lágrimas de la soledad verdadera, de los abrazos rotos que le das a una puta de carretera.
Otro chute de morfina, otro cigarro apagado en la yaga de mis pies, que descalzo anduvo por drogadicto perdido por los pliegues de tu piel.
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