Serán los charcos que dejan mis fosas al respirar,
o puede que sean las ganas de salir de este nido y volar,
de que me cojan de las orejas y me susurren
aquello que nunca llegaré a ser.
Me falta el talento,
me roban las ganas
el vivir este puto mundo
de intereses sin disfrutar.
Me duelen los puñales en la espalda,
la sonrisas enlatadas,
los besos precocinados,
las falsas miradas.
Dónde esta aquella niña que daba patadas bajo la mesa,
que buscaba el roce de nuestras piernas,
los pensamientos cruzados
y encontrados en esas pupilas.
Sombras a media mañana,
cabizbajos sueños;
solo necesito un empujoncito,
alguien que me mienta:
que me diga que no lo puedo hacer.
Sigo caminando por esa playa, esta vez de arena,
donde pueda ver mis huellas y las de ella...
Pero luego la marea viene y se lleva una.
Instantes ante un espejo
que muestra el rastrojo de este cuerpo
hace tiempo roto, maltratado, insultado y vapuleado.
Rompo con todos, necesito,
de tanto en tanto, empezar de cero.
Torpe necesidad innesaria
aquella de cambiar de rumbo
cuando soplan vientos raros,
cuando la inseguridad te hace inseguro,
cuando no hay nada seguro a lo que agarrarse,
cuando ves que no hay nadie ni nada
por lo que navegar en este mar de dudas tempestales,
de romper los cristales de esta cárcel.
Este cuarto es muy pequeño
para las cosas que sueño.
Esta luna ha visto demasiado,
este sol mis sábanas han tapado.
Y otra vez la resaca de los años,
otra vez en el punto de hace un año.
Descorcha el champagne,
que esta vez nos olvidamos,
y cantamos al unísono canciones
de fracaso y desengaño.
Será que desde esta cama y con estas mantas
la vida se ve muy lejana;
las paredes te atrapan, te aplatanan,
te agonizan la existencia, te sucumbe a la realidad.
Sorpresas con sabor a fresa podrida, con olor a despedida,
sellan los días con aquello que podría haber sido pero nunca fue.
Con la sensación de ver pasar otra vez
ese tren de la decepción de las decepciones.
Pinta otro cuadro,
aquel que no habíamos imaginado,
aquel jamás soñado.
Que cuando cojas la maleta del olvido
y subas las escaleras de este limbo,
lloren de alegría,
por haber compartido un instante con vos.
16 feb 2012
12 feb 2012
Cuentos de mi realidad
Se dejan llevar por los destrozos de los días,
por las piezas que no encajan del puzzle del calendario,
por los fracasos en cualquier escenario,
por la canciones desafinadas y la voz agarrotada
donde el grito suena a victoria ante la impotencia y el desencuentro.
Alcemos las manos, bailen con nosotros el vals del "seamos sinceros",
del "ahora no podemos estar sin nosotros".
Frágiles movimientos que andan sobre la cuerda de un funambulista
que juega a girar la cabeza cuando me besas en la mejilla
y agitas esas pestañas pidiendo guerra, desafiando la ley de la gravedad,
diciendo todo y callando demasiado.
Dulce introducción a la distancia de nuestros cuerpos,
etéreos, flotando sobre algún mar de espuma,
en un universo donde el futuro acojona,
y el presente va demasiado rápido.
Las segundas oportunidades se juegan en un partido,
donde ambos nos perdimos; jugamos sin porteros,
creyendo que no lo necesitábamos. Nos marcó el destino.
Nos dimos cuenta de nuestro error, de la maldad, del desengaño.
Cómo actuar cuando tus principios no hacen pie
y tu conciencia te dice que escuches, que quizás tenga algo que decir...
El daño ya está hecho, las miradas ya fueron perdidas,
¿se puede hacer como que aquí no ha pasado nada?.
Y ante la rutina nuevos planes,
el norte dice que acoge a este pobre levantino
en unos días de olvido y recuerdo, de reírnos de nosotros mismos,
de lo que siempre fuimos y nunca dejamos de ser.
Esfuerzos por no sonreír demasiado,
para que el viaje no se haga demasiado largo ni pesado.
El café se sirve frío y yo sin chaqueta ni bufanda
espero sentado a que me traigan otra, y mientras,
suena esa música que nos recuerda a tanto...
Al final, lo que verdaderamente importa son los abrazos inesperados, los besos que se acercan a las comisuras y las manos entrelazadas a la luz de la noche.
por las piezas que no encajan del puzzle del calendario,
por los fracasos en cualquier escenario,
por la canciones desafinadas y la voz agarrotada
donde el grito suena a victoria ante la impotencia y el desencuentro.
Alcemos las manos, bailen con nosotros el vals del "seamos sinceros",
del "ahora no podemos estar sin nosotros".
Frágiles movimientos que andan sobre la cuerda de un funambulista
que juega a girar la cabeza cuando me besas en la mejilla
y agitas esas pestañas pidiendo guerra, desafiando la ley de la gravedad,
diciendo todo y callando demasiado.
Dulce introducción a la distancia de nuestros cuerpos,
etéreos, flotando sobre algún mar de espuma,
en un universo donde el futuro acojona,
y el presente va demasiado rápido.
Las segundas oportunidades se juegan en un partido,
donde ambos nos perdimos; jugamos sin porteros,
creyendo que no lo necesitábamos. Nos marcó el destino.
Nos dimos cuenta de nuestro error, de la maldad, del desengaño.
Cómo actuar cuando tus principios no hacen pie
y tu conciencia te dice que escuches, que quizás tenga algo que decir...
El daño ya está hecho, las miradas ya fueron perdidas,
¿se puede hacer como que aquí no ha pasado nada?.
Y ante la rutina nuevos planes,
el norte dice que acoge a este pobre levantino
en unos días de olvido y recuerdo, de reírnos de nosotros mismos,
de lo que siempre fuimos y nunca dejamos de ser.
Esfuerzos por no sonreír demasiado,
para que el viaje no se haga demasiado largo ni pesado.
El café se sirve frío y yo sin chaqueta ni bufanda
espero sentado a que me traigan otra, y mientras,
suena esa música que nos recuerda a tanto...
Al final, lo que verdaderamente importa son los abrazos inesperados, los besos que se acercan a las comisuras y las manos entrelazadas a la luz de la noche.
1 feb 2012
Días raros
91 veces sí, y un solo no. Estropeo los papeles amontonados en mi almohada. La solución parece el pecar con la mirada, es dar un paseo sin calzado, esperando que un cigarro se consuma entre mis dedos.
Las chaquetas nunca fueron buenas compañeras y los cuentos solo enseñan lecciones que nunca podrás aplicar.
Plantas corduras y te salen descosidos. Calculas mal, únicamente te has dejado llevar; se oye la presión de la masa.
Celebremos el día de hoy, como el día más inhóspito, donde prima la comodidad y la espera de las horas. Cortase el pelo puede ser una buena aventura, algo que contar a tus hijos; momentos que te hacen saltar de la cama y te anima a renunciar cantar aquello de "hoy puede ser un gran día".
Pero a las buenas costumbres, ya lo dice el flaco, nunca me he acostumbrado. El olor del quererlo todo, y quererlo ya; del no dudar al no pensar, y del... perdámonos la noche en cualquier lugar, que nos encuentre el mañana al despertar. Las sábanas parecen no molestar cuando al final, es lo único que cubre los sueños de este cuerpecito mío.
Dame solo unos metros de distancia, que prometo que si me lavo la cara esto se me pasa. Que esto también ocurre en las mejores familias, y en las peores mentiras.
Para esta canción. Dice cosas demasiado sensatas como para llegar al final de los versos.
Enciende las penas a la luz de esta hoguera, que el tiempo y mi regazo haremos que nos olvidemos, hipnotizados por este fuego que nos da la vida, nuestra vida.
Pienso sin pensar que existo; existo para pensar que todo tiene un sentido, un porqué, una manera de ser. Un ataque a la razón sin coherencia; una pérdida de ellos, unas fotos en la pared, un simple corcel. Sangre en la nevera inyectada en forma de droga para este vagabundo entre cartones, que muestra sus dientes amarillos y destrozados dejando una sonrisa al primero que pasa y le encuentra con el rabillo del ojo.
Insensatos que se topan en el sofá, dejándose atrapar, mentiras para no naufragar en esta puta mentira, en esta falsa desapariencia. Rastrojos de un futuro sin pintura ni cincel, sin remedios para querer terminar, sin excusas para querer dejar que el despertador suene unos segundos más, y que por fin, te tumbes conmigo y dejemos pasar la vida hasta las 10.
Las chaquetas nunca fueron buenas compañeras y los cuentos solo enseñan lecciones que nunca podrás aplicar.
Plantas corduras y te salen descosidos. Calculas mal, únicamente te has dejado llevar; se oye la presión de la masa.
Celebremos el día de hoy, como el día más inhóspito, donde prima la comodidad y la espera de las horas. Cortase el pelo puede ser una buena aventura, algo que contar a tus hijos; momentos que te hacen saltar de la cama y te anima a renunciar cantar aquello de "hoy puede ser un gran día".
Pero a las buenas costumbres, ya lo dice el flaco, nunca me he acostumbrado. El olor del quererlo todo, y quererlo ya; del no dudar al no pensar, y del... perdámonos la noche en cualquier lugar, que nos encuentre el mañana al despertar. Las sábanas parecen no molestar cuando al final, es lo único que cubre los sueños de este cuerpecito mío.
Dame solo unos metros de distancia, que prometo que si me lavo la cara esto se me pasa. Que esto también ocurre en las mejores familias, y en las peores mentiras.
Para esta canción. Dice cosas demasiado sensatas como para llegar al final de los versos.
Enciende las penas a la luz de esta hoguera, que el tiempo y mi regazo haremos que nos olvidemos, hipnotizados por este fuego que nos da la vida, nuestra vida.
Pienso sin pensar que existo; existo para pensar que todo tiene un sentido, un porqué, una manera de ser. Un ataque a la razón sin coherencia; una pérdida de ellos, unas fotos en la pared, un simple corcel. Sangre en la nevera inyectada en forma de droga para este vagabundo entre cartones, que muestra sus dientes amarillos y destrozados dejando una sonrisa al primero que pasa y le encuentra con el rabillo del ojo.
Insensatos que se topan en el sofá, dejándose atrapar, mentiras para no naufragar en esta puta mentira, en esta falsa desapariencia. Rastrojos de un futuro sin pintura ni cincel, sin remedios para querer terminar, sin excusas para querer dejar que el despertador suene unos segundos más, y que por fin, te tumbes conmigo y dejemos pasar la vida hasta las 10.
La noria
El frío no impide caminar.
Arrugas en la cara,
sonrisa tras carcajada;
veleta por definición,
experto en el arte de no arriesgar.
Duchas de agua helada,
sueños que envuelven mi cabeza,
que conecta con mis pies a la tierra.
Grito en la noche,
esperando que el eco alguien lo sacie,
que no hay nunca ni nadie.
Canciones que atormentan
a los peces de ciudad,
a los veranos que tardan en llegar.
Se te deshacen los labios,
imaginarte dando saltos,
torpes e inertes; sin rumbo.
Esquinas que no se doblan,
manos entre las manos.
Vasos de alcohol gastados,
con ganas de conseguir
mantener esta sonrisa,
esta mentira a medias.
Formas parte de sus vidas,
compromisos; estar a su lado.
Seguiré mojando zaguanes,
cagándome en los pantalones,
rompiendo las sillas,
haciéndote mujer niña.
Pinceladas de un abrazo,
de un "aquí no me bajo",
que siga girando esta noria;
por los días que vendrán
y las horas que vuelan.
Arrugas en la cara,
sonrisa tras carcajada;
veleta por definición,
experto en el arte de no arriesgar.
Duchas de agua helada,
sueños que envuelven mi cabeza,
que conecta con mis pies a la tierra.
Grito en la noche,
esperando que el eco alguien lo sacie,
que no hay nunca ni nadie.
Canciones que atormentan
a los peces de ciudad,
a los veranos que tardan en llegar.
Se te deshacen los labios,
imaginarte dando saltos,
torpes e inertes; sin rumbo.
Esquinas que no se doblan,
manos entre las manos.
Vasos de alcohol gastados,
con ganas de conseguir
mantener esta sonrisa,
esta mentira a medias.
Formas parte de sus vidas,
compromisos; estar a su lado.
Seguiré mojando zaguanes,
cagándome en los pantalones,
rompiendo las sillas,
haciéndote mujer niña.
Pinceladas de un abrazo,
de un "aquí no me bajo",
que siga girando esta noria;
por los días que vendrán
y las horas que vuelan.
30 ene 2012
A ver qué sale
Siempre he leído que a la hora de escribir, de crear cosas, existe un momento mágico. Un instante entre la felicidad y la melancolía; un término medio entre el éxtasis y el abandono; entre el reproche y el "nopuedoestarsinti".
Y te plantas ante esta pantalla esperando que las musas vengan a contonearse y se empiecen a subir por los pantalones buscando mi ombligo. Bien, parece que hay veces que no tienes nada que decir, que no tienes nada que transmitir, que esa ficción de estabilidad, de falsa felicidad, te emborrona la visión, te estropea las palabras tristes y torpes que normalmente escupes en estos espacios.
Nos quejamos cuando estamos mal. Y cuando estamos bien, se complica el hecho de poder transmitirlo. No sabes por qué. Se supone, que si van mal, es más fácil decir las cosas. Pero cuando se trata de cosas buenas... Todo es maravilloso, y si no es perfecto, esa estabilidad hace que estés...¿estable?.
Cuesta transmitir esa felicidad, ese lograr apartar las cosas que no me gustan, acercarme más hacia las que hacen sentir bien.
Parece curioso, pero después de tiempo, uno vuelve a sentir ilusión. Pero no ilusión así a lo loco, sino ilusión por uno mismo; donde se reencuentra con la mejor versión de su persona; aquel que ríe ante las malas caras y abraza a las sonrisas.
No sé qué, pero algo se estará haciendo bien. Quizás, llámenme loco, pero vuelva a ser yo; vuelva aquel piltrafa al que solo le interesa volar, dejar los sueños en tierra para vivir la realidad en el cielo con los pies en el suelo.
Seré aquel torpe e inoportuno que insulta al que tiene delante esperando que se atreva a partirle la cara, lo haga, me descojone en su cara y le de la mano con la gratitud de haber hecho lo correcto.
Son épocas, son personas, son gestos. Son mis defectos personales lo que me impersonaliza de aquel que quiera parecerme a mi. Orgullo, cabezoneo, estruendo al paso de mi gastada voz; discreto solo cuando creo que no me veo.
Son casi 21 los que cubren mi osamenta, y ahora es el momento. Es el momento que estábamos esperando, la casualidad, la coincidencia, la risa que pone en silencio el estruendo de las calles, el espejismo que dejan nuestros pies al caminar y las huellas que borran cualquier paso; nada importa más que el siguiente que demos, más que el grito desesperado que siga a cualquier pensamiento sin sentido.
Marcho despacio. Quizás, con la cabeza hacia bajo; con la mano por delante desconcertando tus sentidos.
Improvisemos nuestro guion. Pintemos un libro en blanco, pongamos nuestras manos en un cuadro; déjame tararear esta canción que me viene a la cabeza, y no dejes, ni siquiera un momento, que me lleve por todo lo que ella esconde.
Es un canto al presente, no al futuro, a la posibilidad de cambiar ese "ahora" con tan solo un gesto, con esa acción que podría desatar el huracán más perfecto que ninguno podríamos imaginar.
16 ene 2012
Algo tendrán las estaciones:puta vida
Sonríes con arrogancia,
el odio te corre por las venas.
Las miradas vuelan como puñales,
alguien no pasó a recoger la basura.
Quizás me falte cordura,
me sobren pantalones,
me confundan con el payaso
de sonrisa y aquí no pasa nada.
Hago malabares
de lo que me sobra en los bolsillos,
no se me caen los anillos
cuando callo por no gritar barbaridades.
Se me duermen los instintos,
los que no me dicen lo que necesito,
los que esperan a la sombra del pino
la mierda que cagué.
Los platos se rompen contra los espejos,
intentando desvirtuar,
y así encontrar,
la imagen que nunca seré.
Soplan vientos en popa a toda vela,
ya no viene aquella niña en coqueta
a decirme que no puede dormir,
a mearse en mi cama.
Ya no se buscan con la mirada
hace tiempo que se perdieron.
Al final todo pasa,
no nos engañemos.
No me equivoco.
Me falta rabia,
me sobra desatino,
se ahogan suspiros de ansiedad,
cigarro en mano ¿damos un paseo?
Volveremos a ser los reyes,
los descendientes del kukusklan,
los vengadores de las causas ganadas,
de la batallas con derrotas,
de las risas perdidas.
Escaleras de caracol,
sin retorno ni espada;
de nada sirve huir.
Principios que se deslizan por los camales,
vergüenza que sale por la solapas.
Y en mitad de este camino
de rosas y espinas,
el consuelo de los tontos,
la duda del nosotros.
La balsa que salva este barco a la deriva,
las balas perdidas,
los versos escritos en papel
manchado de café y tinta china.
Horas sin dormir,
celos de tus dedos,
dame solo dos minutos más de ti.
Que esta noche naufrago,
que la oscuridad me ahoga,
que es el invierno que me atolondra.
el odio te corre por las venas.
Las miradas vuelan como puñales,
alguien no pasó a recoger la basura.
Quizás me falte cordura,
me sobren pantalones,
me confundan con el payaso
de sonrisa y aquí no pasa nada.
Hago malabares
de lo que me sobra en los bolsillos,
no se me caen los anillos
cuando callo por no gritar barbaridades.
Se me duermen los instintos,
los que no me dicen lo que necesito,
los que esperan a la sombra del pino
la mierda que cagué.
Los platos se rompen contra los espejos,
intentando desvirtuar,
y así encontrar,
la imagen que nunca seré.
Soplan vientos en popa a toda vela,
ya no viene aquella niña en coqueta
a decirme que no puede dormir,
a mearse en mi cama.
Ya no se buscan con la mirada
hace tiempo que se perdieron.
Al final todo pasa,
no nos engañemos.
No me equivoco.
Me falta rabia,
me sobra desatino,
se ahogan suspiros de ansiedad,
cigarro en mano ¿damos un paseo?
Volveremos a ser los reyes,
los descendientes del kukusklan,
los vengadores de las causas ganadas,
de la batallas con derrotas,
de las risas perdidas.
Escaleras de caracol,
sin retorno ni espada;
de nada sirve huir.
Principios que se deslizan por los camales,
vergüenza que sale por la solapas.
Y en mitad de este camino
de rosas y espinas,
el consuelo de los tontos,
la duda del nosotros.
La balsa que salva este barco a la deriva,
las balas perdidas,
los versos escritos en papel
manchado de café y tinta china.
Horas sin dormir,
celos de tus dedos,
dame solo dos minutos más de ti.
Que esta noche naufrago,
que la oscuridad me ahoga,
que es el invierno que me atolondra.
6 ene 2012
Efímero
Se dejaron escapar las miradas,
el mar se llevó el lodo
y ya se borraron las pisadas.
Fotos en blanco y negro,
todo son recuerdos.
Uno supo volar,
el otro se enganchó
el ala al despegar.
Nos damos la espalda
y se giran nuestras cabezas,
no encontrando nada.
El salitre, las sandalias,
los huecos húmedos, los escondrijos.
Son la duda del qué,
del poder, del qué podría ser.
Se arrugan los papeles viejos,
las hojas del calendario
queman mis yemas.
Las canciones suenan,
y tras ellas, historias.
Se pintan nuevas palabras.
Soy aquel niño que creía
que todo era eterno,
que nada podría cambiarnos.
Y ahora,
nos queda ese bonito disfraz,
esos bailes a oscuras,
esos duendes que suben por mi cintura.
Gira mi cuerpo,
me separo unos centímetros del suelo,
pero con la inseguridad de estar seguro,
de no sentirme como un verdugo
de mi propio asesinato.
Soy el cuentacuentos de la vida,
el fantoche que duerme de día,
el ilusionista, el pirata borracho de ron.
Y tú...quién eres tú querida compañera,
que robas mi tiempo de la cartera.
el mar se llevó el lodo
y ya se borraron las pisadas.
Fotos en blanco y negro,
todo son recuerdos.
Uno supo volar,
el otro se enganchó
el ala al despegar.
Nos damos la espalda
y se giran nuestras cabezas,
no encontrando nada.
El salitre, las sandalias,
los huecos húmedos, los escondrijos.
Son la duda del qué,
del poder, del qué podría ser.
Se arrugan los papeles viejos,
las hojas del calendario
queman mis yemas.
Las canciones suenan,
y tras ellas, historias.
Se pintan nuevas palabras.
Soy aquel niño que creía
que todo era eterno,
que nada podría cambiarnos.
Y ahora,
nos queda ese bonito disfraz,
esos bailes a oscuras,
esos duendes que suben por mi cintura.
Gira mi cuerpo,
me separo unos centímetros del suelo,
pero con la inseguridad de estar seguro,
de no sentirme como un verdugo
de mi propio asesinato.
Soy el cuentacuentos de la vida,
el fantoche que duerme de día,
el ilusionista, el pirata borracho de ron.
Y tú...quién eres tú querida compañera,
que robas mi tiempo de la cartera.
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