31 may 2015

Aprender a decir adiós

http://www.literato.es/
Hay cosas que aprendes en los libros y otras que olvidas en vasos de cristal que ahogan sueños y quizás alguna que otra fantasía. Caminas y caminas; intentas crecer y por ende, dejar de ser.
Porque las curvas son necesarias; te hacen estar atento y puede que salgas de ellas incluso con más fuerza. Nadie dijo que fuera fácil; seguramente nadie creyó en uno mismo salvo uno mismo. Por eso, el miedo al fracaso muchas veces es mayor, ya no por decepcionar al mundo, sino por fallarte y tener que darle la razón a todos aquellos que aclamarían una derrota.

Pero hoy no vengo a hablar de esto, aunque tenga que ver.
Son épocas de decisiones y de nada sirve ya aquella frase de "dejarse llevar suena demasiado bien". Es momento de cerrar puertas, de bajar persianas, de colgar llamadas entrantes en tu teléfono. El tic-tac atronador de las despedidas; eso de marcharse medio a escondidas para que la memoria no se fragmente y manche de lágrimas los recuerdos todavía no olvidados.
Porque creo, y solo creo, que la vida es eso: despedidas. Saber el momento adecuado para dejar algo o a alguien. Y no por falta de amor a aquello que se está dejando, no. Quizás por desgaste, por cambio, por fracaso o simplemente por necesidad. Muchas veces, ese adiós tendrá más de amor que de despedida, pues realmente lo que te impulsa a partir es el deseo de no dañarlo más.
Creces. Las personas pasan. Alguna con más pena, otras con más gloria. Y otras, pues menos mal que pasan porque menudo sopor tener que ver ese careto un segundo más. 
Es ahí cuando te das cuenta de que el tiempo está traspasando tu DNI. Empiezas a ser consciente de la cantidad de despedidas que has tenido a lo largo de los últimos años. Seguramente más de las que te gustaría. Pero al final, te queda pensar que cada una de ellas te ha hecho crecer. No sé si para mal o para bien, pero ahí está.

Aprender. Es sin ninguna duda lo que aquel que escribe estas líneas se intenta llevar en los bolsillos de la experiencia. Alguna lágrima a escondidas, mil reproches y otras tantas faltas. Pero qué se le va a hacer si puede que en el error esté el acierto. 
Porque claro que he perdido. Y siempre me han dicho que el que pierde es un perdedor. Y qué le vamos a hacer si eso es lo que soy: un perdedor. Pero también, esas son las historias que me interesan: la de los perdedores. Quiero vivir la vida de uno de ellos, quiero equivocarme mil veces, ser un egoísta, pasar la vida buscando un nosequé, perdiendo muchas veces y que ganando de vez en cuando, teniendo fuerzas para seguir perdiendo.
Que el bochorno de ser yo, lo sea cada vez menos. Que al mirar las fotos no sea únicamente yo el que queda. Es la firme sospecha de vivir en la rutina del tropiezo, de que al final sea más el error que el acierto.

Entretanto, las canas empiezan a asomar y escondo las arrugas de este corazón insensible.
No hay más llamadas perdidas, solo camas vacías, buhardillas que acumulan recuerdos, maltrechos pero vivos. Son demasiadas lunas, pocos los lunes serenos tras domingos de resaca cardiaca y ninguna palabra ante el tribunal del adiós.

4 may 2015

Hoy

http://fc02.deviantart.net/
Hoy no me encuentro. No invento ningún motivo, no me encuentro lo suficientemente despierto.
Soy como un verso suelto, me despisto con chorradas que me hagan volar. Quién fuera Peter Pan...
Es un tris-tras, el triste caminar, el desatino de este insípido y falso verano, un barco que naufraga buscando porque no ha hallado su destino.
Ya no duermo en los portales, los bares me extrañan y los abrazos ya no me acompañan. Soliloquios a la luz de esta sombra de gigante llamada ambigüedad que te deja atrapado; olor a salitre en vena, las piedras que se clavan como queriendo recordar.

Hoy ha amanecido. Es más que vivir en un precipicio, allá donde las miradas se pierden y solíamos gritan. Ahoga el eco de la soledad, el virus de no encontrar, de que mañana sea otro día y eche a andar.
Torpe y titubeante me encuentro entre estas sábanas. El sueño de cerrar los ojos y poderte transportar, vivir encima de una ola y naufragar. Experimentar la nada, lo negro tras un espejo, un viaje en el tiempo y cambiar de dimensión como de carril en mi auto nuevo. La fantasía de universos paralelos: mi otro yo que no soy yo, pero me encantaría. El corrector de vida, las penas que en forma de heridas se sacian con algún tipo de mágica bebida.

Hoy no vivo. Encuentro mil motivos para olvidar, para no ser. Perdiendo el este, las viejas fotos, los corazones rotos, torpes y ajados que con una pizca de mal humor hacen de esto algo más llevadero.
Pies de plomo, lo que se ha sido manchado de lodo y las ventanas que me ahogan en este gas que se me sube lentamente a la cabeza.
Viajando a ningún lugar, marcha atrás al destino, corte de mangas y a ras de unos labios despedirte como si esto fuera el fin de nuestro tiempo.

Hoy me duermo. Sin ánimo de lucro, sin inventar ingeniosos versos ni rezar a viejos dioses. Las penas a la luz de un flexo, los pantalones sucios para mañana, la falsa sonrisa bien afinada. No queda detalle al azar de esta farsa, no existirá jamás mentira mejor contada.
Me pierdo y no encuentro. Espero en este mausoleo de ironías, disfruto viendo pasar la vida, un 'como si nada', la carta disonante, la reinona de mis corazones que cada noche viene a tocarme los cojones y a recordar la nada en la que me he convertido.

24 mar 2015

Página en blanco

Hay una página en blanco que emborrona el presente. Es un banco recién pintado, un blanco roto, unos labios que han trasnochado, una duda y un pecado, las bolsas vacías al volver del mercado.
Es un sueño, una ironía, un nosequé y un nosecuantos. La sombra de un gigante que te convierte en enano, estos versos que me han quedado un poco trasnochados.
Es el principio y sin embargo continuación de una mentira, de una farsa llamada vida, ese atraco a la ironía con estupidez y alevosía.

Puerta cerrada que alberga la pereza, pesimismo como estribillo, dime y castigo, esperpentos en forma de rutina agotada de perseguir quimeras, dulce suflé de carmín con avena. 
Es el contexto y la situación, confesiones al despertador, abrazos rotos, cristales que no dejan ver mis penas: melancolía en vena.
Camino con ojos vendados, torpes pasos de estas piernas maltrechas, de este conmigo y este sinmigo, las penas que se cuentan con un café en frías tardes de domingo.

Y es que en esta página no estás tú, ni tú, ni tú, ni tú... Faltan palabras y sobran complejos, los techos que se caen en cada paso, un frío beso en la mejilla, una despedida de esas que no sabrán como aquel día. 
Anotadas quedan esas pequeñas faltas, lo que tiene que llegar, aquello que nunca los reyes me traerán. No hay tachones en este guion improvisado, en este vals maltratado, voy perdiendo de vista a mi destino y bajando con disimulo y por sorpresa... ay! Tocaeta de culo!

Firmada queda la obra de tu vida, las esquinas dobladas de este libro que nos recuerda dónde estamos. Mentiras habrán más que verdades, silencios más que palabras y más miradas a otro lado que planes imaginados. Y de tanto en tanto, vamos respirando, haciendo camas de naipes donde corazones y bastos combinen con esta camisa a cuadros.
Saco la basura casi todos los días, duermo panza arriba y ya casi no me escupo cuando la prisa se atrinchera en la taza del café.

17 mar 2015

Vivir no es fácil

Pongamos que lo que sigue a esta línea es menos serio de lo que parece. Ahora, prosigamos.

Como no soy demasiado de engañar, el título ya te empieza a dar una idea de lo que hoy recorre mi neurona. "Vivir no es fácil, vivir no es fácil...", golpea como un estribillo atronador amenazando por convertirse en dogma.

Hace un par de días, el siempre efectivo y directo al alma Risto Mejide, apuntaba algo así como que vivir era decidir, renunciar. Siempre he considerado que nuestros actos acaban definiendo aquello que somos o a lo que aspiramos ser; pero cada vez cobra más importancia aquello que renunciamos en nuestra vida, aquello a lo que decimos 'no'.
Es una especie de definición de uno mismo pero a la inversa. Nos enfrascamos en buscar fórmulas matemáticas para conocernos mejor, para saber quiénes somos. Y muchas veces, las variantes incógnitas que componen nuestra ecuación de vida, son más sencillas de lo que parece y solo requiere de despejar la X, pasándola al otro lado y convirtiéndola en negativa.

Hay mierdas que pasan en nuestra existencia que ni el beato más beato ni el ateo más ateo pueden poner respuesta. Ambos darán su versión manchada de una cosmovisión concreta; pero yo lo que quiero La Respuesta. Quiero el porqué de las cosas, la razón de ser de que a ti sí y a mi no, el sinsentido del dolor por el dolor, la pérdida tanto carnal como de la marcha de personas que tienes que dejar escapar o las que simplemente renuncias.
Tampoco considero que haya vivido y sufrido tanto para emocionarte en estos momentos. Pero uno tiene sus cositas, que bueno, ahí están.

Puede que muchas veces sientas que vives en un estado permanente de alerta melancólica, de escepticismo de vida y sueños trucados antes de yacer en su búsqueda. Es la soledad encontrada, el vital metro cuadrado, la cabeza atormentada de pájaras -también pájaros- y el aprisionamiento de las cuatro paredes de tu habitación que amenaza cada noche con llevárselo todo por delante.
Y es que pasa por tus ojos como un huracán aquello del por qué vamos a venir a este mundo a sufrir: no tiene ningún sentido. 
No lo llamaría capacidad de olvido, pero admiro la superación y el poder de remontar las situaciones no demasiado buenas que muchas personas tienen.
Porque si de algo hemos de estar agradecidos es de haber podido rodearnos de un puñado de personas que han tenido y tienen cosas que enseñar y de las cuales puedes aprehender retales de sus vidas, sintiéndolos como un trocito de la propia.
Hay que acostumbrarse también a definirse no solo por las cualidades o casas que te han ido sucediendo; también por todo lo compartido por una mano amiga, por los abrazos y besos que aúnan almas y que consiguen que sobren las palabras.

Al final, la vida es eso, ¿no? Las idas y las venidas, las historias que se cuentan en las películas y que nunca crees que para bien o para mal te vayan a suceder a ti, conversaciones ojo a ojo, mirada a mirada. Las lágrimas con sordina y viaje de ida, las penas que son menos penas sabiendo que alguien cogerá tu mano por debajo de esta mesa.
Sí. Porque vivir no es fácil y por suerte para todos no existe un gran manual donde venga todo explicado y que con suerte, cuando al final comprendes de que va todo esto, va y tu tiempo se ha agotado. Game over. Lástima que esta era la última y única vida. O no.

25 feb 2015

Machacar

Sorprendemos con cada instante de nuestro tiempo. El sentido de existir, los posos de café al levantar tu alma podrida. El rezo que suplica la culpa, el veneno que nos ahoga en sueños e imaginamos que siempre mañana será otro día.

La caída de un gigante, el fresco anochecer que se cuela por tu cuello, dulce es la noche que acaba besando al amanecer, esa que entre sábanas encuentra a cualquiera que no sea yo.
Soy la caricatura de un niño, el garabato que firma la condena a vivir perdido, torpe y aburrido.
Especialista en contar hasta diez, dejando ver esa insensata estupidez de no importar nada más allá de estas cuatro paredes que esconden los años, las baldosas que bajo insomnio recorres buscando pintar tus sueños, un aliciente para el sentido de los huesos rotos y taciturnos.
Canibalismo que alimentan mis frases, intentado sacar lo mejor, rompiendo cristales cierro bares, cazo tormentas en el alma pierdo el norte dibujando corazones, marfil de mis pestañas, dueño del silencio en tumbas huecas, inertes de vida, lisonjeras de recuerdos, prisionera de mi ego.

Esconde un par de versos, juntemos espalda con espalda y gana el primero que eche a correr. Que estar mojado y que llueva no cambia el resultado. Preguntarle al destino si está jugando a algo que yo sé, si me espera mañana otra mierda en forma de rutina, si me tendré que calentar la comida en el microondas otra vez.

Los flecos de tus vaqueros, tu zapas, tu sombra de ojos, tu duda es mi encanto. Nos perdemos en universos esféricos, encontrando en cada uno de nosotros motivos para no ignorar las luces y las sombras. El ahora se nos escapa de entre los dedos, no nos quedan ya complejos, solo roces, acordes desatinados, fingir los pasos en la arena ya marcados.

29 ene 2015

Atreverse a atrever

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Ya lo decía aquella película francesa: "son malos tiempos para los soñadores". 
Y es que en estos años complicados para la sociedad, donde la crisis está haciendo mella en la forma de ver las cosas; si a eso le sumas el propio pesimismo y la falta de confianza en uno mismo, resulta complicado dar un paso si titubear.
Los Vetustos ya motivaban mi iPod con ese rintintín de "dejarse llevar suena demasiado bien". Y son cientas las canciones que han ahogado madrugadas en mi cama, dándole vueltas a las dudas de levantarme al día siguiente, a sacar fuerzas y encontrar el sentido de pasar frío, de viajar en autobuses e imaginar las historias que a cada uno le lleva a coger el metro.
Porque de verdad, que no es fácil que después de una taza de café las ganas vengan a vestir tus sueños, tu rutina. 
No son una ni dos las inseguridades, que como rabos de lagartija: las cortas y te vuelven a crecer. Son muchas las veces que por miedo a vivir esto se convierte en un sinvivir. 
Me falta iniciativa, pero me sobran las ganas. Me falta convicción, pero me sobra devoción.

Todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias. Admiro a aquellos que persiguen lo que quieren sin dar rodeos a las cosas. Contemplo con estupor como son muchos los que se alimentan chupando la mierda de culos ajenos, riendo las cuatro tonterías que puedan escupir por su enorme bocaza. 
Quizás el que lo está haciendo mal soy yo, que lo "normal" es eso. Quizás es que hay que hacer rodillas para gustar, para demostrar lo atrevido o atrevida que eres.

De pequeño, no sabía responder a esa típica pregunta de "qué quería ser de mayor". Parecía como si las cosas, simplemente fueran viniendo, iban ocurriendo. Luego ya crecí y entendí que en ocasiones hay que dar un pequeño giro de timón y corregir el rumbo, de vez en cuando.
Creo que una de las cosas más importantes en esta vida es atreverse a atrever. Y si no es así, por lo menos no defraudarse a uno mismo. No es fácil tomar decisiones, intentar ser, no mirar atrás.

Sigamos nuestro camino, tarareemos esa vieja canción y dejemos que el presente nos venga a visitar en forma de futuro.

24 dic 2014

Morir en Navidad

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Sí, así es. Como un apretón que acaba enseñando la cabeza y como la aguja de un reloj que sabes que tarde o temprano acabará por volver a las 10:10. 
Es una costumbre, un cumpleaños que salvo que hayan niños pequeños en tu casa nunca quieres celebrar. Esa es la Navidad.

Para mí, la Navidad es como esa fotografía que al mirarla te das cuenta de que este año no están todos o de que los que están ya no salen tan altos y tan guapos. Nos pasamos el año engañando nuestra memoria, diciéndonos que nosotros no somos eso, renegando de la raíz, de aquello que supera al hueso y la piel. Para que luego, durante unos pocos días, mediante un chorro de realidad te venga todo de golpe y tengas que hacer como que aquí no ha pasado nada.
Es como una canción de Sabina; ambientada en noches que quizás no sean tan buenas y a las que de repente te pueden entrar pánico escénico. Te viene a recordar que diciembre no es abril, que aunque juegues en casa, es un trámite que hay que pasar para llegar vivo a enero.

Empecé el año repitiendo una y otra vez que este 2014 estaba siendo una broma. El problema es que nadie me creía, ni sabía cuán de pesada podría llegar a ser. Ha sido como chiste sin gracia, una tontuna de esas que suelta tu tío el facha -todos lo tenemos-. Y claro, a unas horas del gran evento nadalenco y unas letras de Urquijo de fondo, a uno se le calienta el alma.

Hace años que no me entusiasman estas fiestas, de verdad. Y es que además, las llaman fiestas: tócate los huevos don Miguel. Creo que en esto, la sociedad y yo, no tenemos el mismo concepto.
Todo empieza por esa patología que tengo de ir un poco en contra de lo que se impone; véase cenar en plan "soy rico", juntarme con gente que dícese ser mi familia por el único hecho de que los dos vengamos del homosapiens y tengamos sangre del mismo color. 
Sí. Gracias a esta ecuación que me acabo de inventar, cualquiera - bueno, cualquiera no- podría ser mi familia y está invitado a celebrar la Navidad en mi casa. Siento si alguno que provenga del homosapiens y tenga del mismo color que yo la sangre no lo considero mi familia, pero es que joder, hay gente que se esfuerza como mucho para ser un hijo de puta -siempre con perdón a las personas que tienen como progenitora un oficio como tal-.

Pero no nos desviemos buscando nuestra identidad. El tema es que la Navidad es como los granos: cuanto más mayor eres menos te sale celebrarla. Porque al principio, como los granos, pues piensas que es lo que toca, que ya crecerás y no tendrás que tenerlos. El problema viene que cuando ya has crecido, no es que eches de menos esos poros atormentadores, sino a la gente por la cual darías la vida con tal de que te dijeran cuánto habías crecido y lo orgulloso o no que estaban de ti.

Quiero desearos cuanto bueno merezcáis; pero no ahora, sino en vuestra vida. Y si tengo que pedir un deseo, con miedo a que si lo digo no se cumpla -pero por llevar la contraria, lo que sea-, pediré únicamente eso: que a las personas buenas les pasen cosas buenas. Algo tan simple y complicado como esto. Que la Pantoja se encuentre un pelo de su bigote en la sopa y a Bárcenas no le dejen limpiarse el culo con papel de ese que lleva pintados billetes de 500. 
En definitiva, que la gentuza deje de joder y de llenarse los bolsillos con cosas que no son suyas.

Paz y falsedad en estos días. Pensad que ya queda menos para que todo vuelva a ser como antes y quizás el año que viene no sea como era ayer.