Mostrando entradas con la etiqueta Pies Fríos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pies Fríos. Mostrar todas las entradas

8 may 2016

¿Y si nos dejamos?

¿Y si nos dejamos? ¿Y si nos perdemos entre las cajas de mudanza? ¿Y si dejamos la cama sin hacer otro día más?
¿Qué te parece si escondemos bajo llave cualquier atisbo de recuerdo? Que ya no quiero que me duela, que no soporto más despedidas en mi vida.
Que los días impares te sigo echando de menos y los pares te necesito.

A veces me pregunto lo que no hubiéramos dejado de ser. Y es que solo en ocasiones camino sin rumbo, pruebo suerte y sueño con tropezarme contigo de repente. Serán estos viejos zapatos rasgados de andar en círculos o esta chaqueta que me regalaste y que tan frío me sigue dejando.

Pero... ¿y si nos dejamos? Como el que deja un día de tomar café en el mismo sitio. Así, sin ninguna razón; así, con dos mil y un motivos para volver y una para sola razón para no hacerlo.
Que me arden las palabras en la boca, que se me enfría el alma con la edad; que me he hecho mayor para darle trabajo al corazón.
Que mis prioridades nunca fueron las nuestras, que confundí el amor con el cariño; que ya no bebo tanto ni me emborracho demasiado, como ayer.
Y sí, sigo esperando en el mismo lugar donde alguien disfrazado de otro que no era yo te besó, te enamoró y después se marchó. Ya no está. Se fue. No lo reconozco tras este cristal, no lo encuentro siquiera entre las nubes de otro pelo.

No hay dinero que compre el tiempo. Solo hay espacio, ni tan solo luz ya entre nuestros cuerpos. Ese amargo trago, ese letargo del que no logro despertar. 
Indoloro por rutina, placebo de vida, estúpida sonrisa que me espina y me aniquila. Es esa mentira mil veces repetida que se me ha convertido en realidad.

Hace ya tiempo que nos dejamos. Y hoy, parece que te has ido. Volvamos a dejarnos como si fuera ayer, como si nunca lo hubiéramos hecho.


11 abr 2016

Vida compartida

Manchan las heridas de un corazón ajado, la sombra del enano que quiso ser gigante. Se desvanecen entre cemento y alcantarillas las luces verdes y amarillas que iluminan los besos al pasar.

Nos quisimos tanto que solo los despojos me recuerdan tanto. Es solo un rato cada día en el te cambiaría por cualquiera que se pareciera a ti. Me dejo llevar por la primera niña pija a la que arranque una sonrisa; me tropiezo, me caigo y vuelvo a tropezar.
Piel con piel, hija de un volcán en celo, abre las puertas de tu camisa, hazme ver que las prisas nunca fueron buenas compañeras.
Es el paso del tiempo, las canas que todavía no peino, las risas que van marcando mis arrugas, las penas que son menos penas diluidas a tus piernas.
El humo de un cigarro, la vida que se me escapa por las venas, se ventila cuando mojas las penas con el café.


Mil y una vueltas, rompen poco a poco cadenas. Despedida tras despedida hacen ya un poco mella. Precipicios con abismos; ya no hacemos más alunizajes con destino el colchón. Nos dejamos, como ese ciego que mira sin ver, como ese ignorante que sabe demasiado como para poder demostrarlo. 
Ciento y una vueltas te da esto que llaman vida, tantos como caminos en los que perderse, tantos como aciertos y errores por cometer y cometí.
Es como una partida de naipes que a mi antojo destrocé. Más de tres palabras que suenan a despedida, más de cien estrábicos besos que nos regalamos en la vida compartida.


3 abr 2016

Espera

Fraccionamos nuestro tiempo, nos dejamos llevar por cualquiera que se parezca a ti, escuchamos los secretos que el viento nos quiere contar, nos dormimos a la luz de una sombra en la orilla de aquella playa.
Nadie entiende, todo el mundo opina. Lejos quedan los besos de propina, las miradas que atraviesan corazones, los marchitos pero bellos jirones que en el alma guardo cual trofeo de vida.
Es un segundo, una despedida que al girar la esquina sigues preguntando el porqué. Nos vemos inservibles, carentes de razones; los abrazos ya no traspasan este cuerpo ajado de tanto soñar, trinchado de desesperar los lunes al volver a madrugar. La zarpa que va arrasando lo que no seré; un futuro imperfecto, solo un reflejo de lo que quise, solo un fracaso de lo que soy.
Pero me voy acostumbrando. Ya no soplo velas, ya no me dejo engatusar por cualquiera. Duermo poco y me conozco cada una de la motas existentes del techo de mi habitación. Además, intento que los sueños siempre me pillen despierto, no vaya a ser que no se cumplan.

Entre tanto, espero y espero. Como el que espera sin esperar. Como el que no desespera pese a que esté esperando. El viejo que sube a un autobús por echar el tiempo, por verlo pasar un poco más rápido a través del ventanal, la típica duda de saber dónde irás.
Son torpes nuestros días, como frías las despedidas, que te hacen sentirte un poco más viejo, que te hacen ver esto como el clásico cuento que ya sabes cómo vas a terminar.
Y miedo, bastante miedo. Miedo del final. Miedo de caminar en círculos y decirle a uno mismo que has sido capaz de avanzar. Miedo de llegar a casa y que nadie me devuelva el saludo, que una vieja canción triste atormente el silencio de esa morada. Miedo a estar y no ser; no hay cosa más dura que perder esa identidad, ese sello que nos identifica, ese factor que nos dice que somos nosotros y no otro.

Me crecen las venas como vellos, se me encogen los complejos, me dejo entero el corazón por si acaso se te ocurre regresar. No me quedan palabras, quizás coja esa puerta y no me vuelvas a ver más.

7 mar 2016

Viraje

Nunca me he considerado ejemplo de nada. Si de algo lo puedo ser, como mucho, es de como no hacer las cosas. Hay días como hoy, donde parece que la lluvia dota a la rutina de un cierto aroma a melancolía, algo te hace click y comienzas a hacer un pequeño balance de las cosas, de las razones y personas que te han llevado a este momento vital.
Quizás sea solo un alarde de parecer menos normal, quizás sean las gotas mojando la ventana mientras dentro disfruto de un buen café y una mejor película.

Cuando te dedicas a ser un charlatán empedernido y las palabras que salen por tu boca parecen verdades como puños y no mentiras mil veces repetidas que uno intenta hacerse creer, es entonces cuando se hace notar la incoherencia de mis pasos con mis palabros. Te pasas como dice la canción "media vida buscando la melodía", mientras el disco sigue sonando. Errático te encuentras con un cuarto de siglo sin haberte encontrado, dando pasos de gigante a lo funambulista e intentando ser ese molino para confundir con cualquier truco de magia que te deje con la boca abierta.

Son muchos los que han entrado a vivir en el piso de mi vida, pocos los que se quedan y saludan cuando ven que hay luz. Pero mucho menos son los que me cuidan cuando la oscuridad se adueña de mi alma y solo un abrazo y manta sanan este cuerpo.
Y es que parece que los años no pasan en balde, que los días no curan heridas y que los fracasos se marcan tatuados en la piel a fuego lento, muy lento. Que siempre se me dio bien eso de caminar en círculos, buscándome esos complejos que en forma de rabo de lagartija, cuando los cortas, te vuelven a crecer.

Pero hablemos de futuro. Y hagámoslo como si habláramos de arte moderno, que parezca que lo entendemos. Pongamos que no sé qué, no sé cuántos... Y tal y tal... Y mientras tanto...
Hablemos como si eso de tener los pies en el suelo no fuera con nosotros, como si un estímulo de movimiento placentero hiciera trasladar nuestro saco de huesos con alma allá donde levitar se convierte en rutina. Consigamos si caemos, salir de este agujero en el que decido atraparme cada día huyendo de cualquier palabra que se asemeje a destino. Participemos juntos de este alunizaje, estrellemos nuestros sueños contra esa pared, pintemos un cuadro caricaturizando todo lo que quisimos ser y no fuimos, y retratemos todo aquello que nos encontramos por el camino y que nos hizo virar nuestro destino.

29 feb 2016

Quería decirte

Quería decirte,
que sigo durmiendo poco y bebiendo dos más de las que tocan,
que las cuentas del tiempo no me salen,
que no necesito el amor sin espinas.

Quería decirte,
que me sigo engañando con horario laboral,
que me decepciono si en días como hoy me toca madrugar,
que nadie se detiene por la calle cuando voy a cruzar.

Quería decirte,
que mi preocupación por la nada sigue siendo lo más importante,
que mi equipo este año bajará a segunda,
que no encuentro ni el cómo ni el cuándo para mojar mi almohada.

Quería decirte,
que este tonto que escribe lo es cada día más,
que un día prometí vivir la vida de él,
que está pero ya se fue.

Quería decirte,
que me inspiro cada día en sandeces,
que mi sombra me estorba,
que tengo la mirada perdida en vidas que no son la mía.

Quería decirte,
que los lunes se me atragantan,
que me sigo levantando cada mañana buscando una razón,
que espero demasiado y añoro otro tanto.

Quería decirte,
que he fallado una y otra vez sabiendo que lo hacía,
que siempre he sido torpe para las despedidas,
que he perdido tanto y ahora no tengo demasiado.

Quería decirte,
que nunca supe arrepentirme,
que los abrazos ya no traspasan este cuerpo,
que ahora ya nunca es para siempre.

Quería y quiero decirte...

15 feb 2016

Lunes, otra vez

El lunes es como ese día odiado, el que nunca nadie quiere que llegue y el que al final lo hace como elefante por cacharrería, azotando una tarde de domingo y manta, como el que agita un panal de abejas y desea con todas sus fuerzas que le claven todos los aguijones del mundo con tal de que al siguiente día vuelva a ser sábado otra vez.
Y es que a nadie le gustan los lunes. Son como tristes, faltos de color y de gracia. Es como el amigo gracioso que te gasta una broma justo en el momento más inoportuno o esa copa de más que ya sabías antes de pedirla que sí, que estaba de más.

Si la semana fuera como una cuesta que conquistar, la imagen sería la de alguien pequeñito que tiene que conquistar la cima del fin de semana y contempla desde el punto más bajo la inmensidad que le queda por recorrer. Porque seamos sinceros, superar un lunes es casi como la corrupción; sabes que hoy hay un caso, pero que en siete días como mucho, te vas a encontrar otro.
Claro, para los que pueden disfrutar de los fines de semana, eso de poder parar de tu rutina para hacer lo que te plazca e incluso nada, la verdad es que ayuda un poco a despejar la cabeza. Aunque como en toda carrera, si paras, luego cuesta volver a coger carrerilla.

El primer día de la semana es como cobarde. Llega sin avisar y como pidiendo guerra. Es esa ventana indiscreta que deja ver todas tus carencias, ése que muestra tus ojeras en toda tu esplendor como queriendo dejar bien claro al mundo que tu cuerpo no está de acuerdo con esta tortura a la que lo estás sometiendo.
Es ese coitus interruptus que en forma de alud cae sobre tu persona de la manera más inoportuna. Para que me entiendas de una forma clara: un lunes es como el final de la serie de "Los Soprano"; creo que si la has visto, ahora sí, lo entenderás perfectamente.
Y si seguimos con analogías seriéfilas, podemos decir que al acabar el día, uno se siente como en el final de "Perdidos": preguntándote cómo has podido llegar aquí después de seis temporadas y que luego no sea para tanto.

Algunos podéis decir que tampoco es cuestión hacer un drama de un simple lunes. Es verdad. Si lo piensas, mañana ya es martes. Y... ¿qué hay peor que un martes? Efectivamente: un lunes.
Los martes llegan ya por inercia, sin darte cuenta. De repente, te encuentras frente a tu plato de alimento nocturno -también conocido como cena- maldiciendo tu suerte, y ya es martes prácticamente.
Luego, el miércoles es como ese día chulo, el respondón, el que te mira fijamente a los ojos como pidiendo más. Es el día en que piensas que si has llegado hasta aquí, el resto es pan comido. 
Después llega el jueves, tarde, pero llega. Empieza muy en lo alto, pero termina como acongojado y arrepentido por haber comenzado tan fuerte y suele jurarte que nunca lo volverá a hacer. Hay tantas personas que son como el jueves...
Y... vaya. Haces "¡chas!" y aparece el viernes a tu lado. Perezoso, sin ganas e incluso aburrido. Eso sí, siempre viene con la promesa de que lo que viene después de él será mejor que sí mismo.
Con rabia nos plantamos en el sábado, tan deseado como añorado. Esperarás mucho de él, pero al final será un viernes más y te acabará defraudando.
Como ese bigotillo tonto que te sale cuando te estás haciendo mayor comienza el domingo. Es el premio de consolación de la semana, el día que aparece casi sin querer aparecer pero que sin embargo, hace posible afrontar el lunes con solo un poquito más de optimismo. Son como la casualidad que estabas esperando, la chica "simpática" que te da calor, peli y manta. Quizás no sea la más guapa, pero joder, cómo alimenta el alma...
Sí, todavía queda mucho para que llegue un domingo a nuestras vidas.

A todo esto, ¿no estaba hablando de que hoy era lunes? Pues eso.

14 feb 2016

San Valentimo

Muchos se deshacen en halagos hacia sus parejas en un día tan señalado en el calendario. "Cariño, te quiero tanto que vamos a tener toda la personalidad del mundo y vamos a celebrar como todo hijo del dios consumismo que hoy nos queremos mucho". Y así nació San Valentín.
Como si no existieran en este año bisiesto otros 365 días para mostrar en los pequeños gestos, que para ti esa persona significa algo más que un ser vivo que se alimenta, se relaciona e incluso se reproduce. Pero no, en un arrebato de amor prefabricado, tengo que comprarte una cajita de bombones, unas flores y pagar una cena en un sitio caro y cuqui para luego acabar muertos de hambre tomándonos un MacFurry de postre, cual fantástico y cotidiano día normal.

Porque creo que ya está bien que nos digan cuando tenemos que mostrar nuestro amor y gastarnos un poquito la pasta. Vale, puede que ahora estés pensando que soy el clásico tío que va en plan de malote construyendo su vida en contra de los estereotipos que esta sociedad nos impone. Pues si eso quiere decir que tengo que compartir en las redes mi fantástico vídeo de mis "amistades" y tengo que salir por narices y como si no hubiera mañana la última noche del año, pues... ¡Sí! Un poco malote sí que soy.

Muchas parejas salieron ayer de su fantástica monotonía para ir a algún sitio romántico a cenar, no sin antes teclear en Google "sitios románticos para cenar" -yo lo he hecho; sí, soy culpable, llévenme-, y compartir con esa persona tan importante un delicioso y escaso majar al calor de unas velitas. Son esas parejas las mismas que cuando vas caminando por la calle están cada uno con su teléfono móvil sin hacerse ni puto caso. Esas que se ven sin mirarse, esas que se miran y no se reconocen, pero que sienten que por lo menos una noche "han hecho lo correcto".

Y es que ya no se trata de San Valentín sí o San Valentín no. Estamos hablando del amor de plástico, de la falta de complicidad con la persona que tienes delante, del complemento incompleto que puede que caliente tu cama pero no tu alma. No seré yo quien de lecciones y menos de esto, pero yo qué sé, un poco de personalidad, solo un poco, a la hora de hacer las cosas.
¿Porque saben qué...? Las mejores cenas románticas que he tenido en mi vida han sido un martes o miércoles, en el sitio más sencillo de la ciudad -con las mejores bravas, eso sí-. Porque al final lo que se estaba celebrando en esos momentos es que después de un largo día habíamos sacado un hueco para estar juntos y contarnos la vida. 
Y de verdad, eso es para un servidor lo extraordinario en lo ordinario; no que me digan cuando y cuanto tengo que gastarme para estar con la persona que quiero.
Cada uno y cada una que haga lo que quiera. Yo puedo comprender que puede ser muy bonito y súper romántico. Pero es que el amor no se fabrica. Y todo lo que no es de verdad, estaremos de acuerdo, podemos utilizar la calificación de timo.

1 feb 2016

Otra historia que no voy a contar

Se va escapando, deshaciéndose entre los dedos,
la palma de una mano que encuentra su homóloga,
un triste beso en la mejilla
calentando por un instante este frío cuerpo.

Cuestión de carne, frívolo, quizás incluso tierno.
Los dados que ya nunca sacan dos,
la suerte de desaparecer;
todo un arte eso de saberse esconder.

No llaman a esta puerta los ángeles del cielo,
se cuelan entre las piernas algo parecido al infierno,
la fe del pecado,
jurarle a un dios que mañana lo volveré a hacer.

Lejos están los buenos amigos,
hermanos de vida que este escenario vacío han dejado.
Rumbos que en el propio camino se encuentran,
intersecciones de nuestra existencia.

Los lunes ya no son al sol.
Ahora desordeno mis ganas,
me apego a mi cajita de recuerdos,
donde guardo las pequeñas cositas que valen la pena.
Ahí también escondo algunas dudas,
mis filias y cómo no mis fobias.

Me envuelvo con el traje nuevo del emperador,
me engaño otra mañana,
espero acurrucado en la cama,
y sueño esta vez que no me atormente el despertador.

Disuelvo las ganas en otro café,
me lavo la cara,
me arranco de cuajo con agua
las ganas de salir otra vez por esa puerta.

Otra historia que no voy a contar.
Ya es demasiado pronto para pensar en el martes.
Un espacio en blanco,
un espejo que cuenta demasiado,
estas líneas que esconden tanto.


25 ene 2016

No me encuentro

Un laberinto, una curva que no termina, una pesadilla que añora ser sueño, un papel sucio y arrugado, un vestigio de algo que todavía encuentro.
Es como un caminar en círculos, la pescadilla que no tiene cola, aquel que muerde el aire buscando esconder otro suspiro que llevarse a la boca. Nadie nunca excepto yo; todos incluso salvo yo. El eterno mí me conmigo pero sin mí. El falsete que suena a perdición, ese eterno farandulero que cada mañana se mira al espejo y que nunca aprendió a decir "no".
Uso caparazón, intento esconder el eco del latir de este inestable y desastrado corazón. Corte y confección para decorar estos días que vuelan como esas dichosas golondrinas. Parece que se me olvidó aquello que llaman respirar, que a ello me cuerpo se acostumbró, que a pisar con los dos pies en el suelo mi alma me obligó.
Quizá es la ventaja de la mala vida, puede incluso que nunca se me dieran bien eso que algunos se empeñan en llamar despedidas. Además de eso, nunca supe querer, se me ha dado mejor mucho el olvidó, ese torpe que camina con destino uno mismo. Se van deshaciendo los lazos, los malos gestos y torpes pero que sé que ya no te hacen daño. Porque fue mejor lo de alejarse, pero no sé llevar eso de que sea tanto.
Sin más, me guardo todo aquello que hace daño. Encuentro melancolía en los bolsillos, en cada muestra de cariño. Y...ya ves, parece que el horizonte pilla mucho más lejos de lo que se halla mi ombligo.
Y aunque me considere perdido, quiero pensar que estoy en el camino. Pero es que ciertamente, hoy no me encuentro ni en él ni en ningún sitio. Quizás esto se solucione con apagar la luz y esperar que mañana asome la otra media luna por Bagdad. Puede que incluso esto solo cambie pegando un buen portazo maleta en mano. En verdad, tampoco creo que pueda acabar por importar a nadie; un solo punto en este insufrible universo.

12 ene 2016

Se lo preguntaré

Se lo preguntaré. Juro que lo haré. Dejaré la vergüenza, los caprichos y los malos gestos de lado. Entregaré todo lo bueno, maldeciré todo lo malo. Será como polvo en el aire, la sal seca en los huesos; lo que queda después de un abrazo con sabor a despedida.
Se lo preguntaré. De verdad, que si todo va bien lo haré. Entre las idas y venidas, van llegando roto tras roto, ahogando mis pupilas, haciendo descosidos en mis oídos al compás de la pena que húmeda queda al pasar por la arena. Sobran los lazos, se rompen los billetes con destino al futuro.
Se lo preguntaré. Si la tristeza no secunda esta madrugada, lo haré. Mientras, la luna refleja una teñida soledad, de esas de traje y corbata, de esas de mírame en silencio y únicamente no hagas nada. Apago otro cigarrillo, será que esta canción me recuerda demasiado, será otra foto que se parece a un recuerdo en blanco y negro.
Se lo preguntaré. No está claro que vaya a pasar, puede que incluso no saque fuerzas para acercarme. Es volver sabiendo que nunca quisiste aprender la lección, oídos sordos a un corazón roto, pequeñas historias tras el alma, noches que desgarran hasta el último ápice de sensatez.
Se lo preguntaré. Aunque todos sabemos que no va a pasar. Será por falta de verdad, porque el carmín sigue manchando mi almohada al despertar por la mañana. Que este traje de perdedor me queda demasiado bien, sastre de sentimientos podridos, descosidos de la piel, teñidos y empañados de memoria a corto plazo.
Y antes de terminar estas líneas ya sabia yo el final. Sabía pese a jurar que nunca lo preguntaría.
El mar tendrá que esperar, me aliviará eso sí. Quizás otra noche a la intemperie, quizás otro sueño que se pierde, otro perro sin su dueño, otra ola que se lleva todo lo que yo venía a buscar.
Me dejo los días intentando enterrar en cualquier playa mi paciencia. Algún que otro sueño que la marea se lleva, incluso alguna caída tonta. Un hoyo, una sirena varada y pétrea de salitre. Siéntate y espera; este café se ha quedado frío y es descafeinado.
Recemos para que llegue el frío y atraviese bien los huesos buscando un poco de calor en las calles de esta ciudad, que tantas cosas supo contar.

8 ene 2016

No he podido evitarlo


Salgo ayer por la noche de trabajar, me enchufo mis cascos para que alguna canción triste acompañe la situación de melodrama y mientras camino hacia un lugar donde poder dormir y llevarme algo a la boca. Bien, en principio nada nuevo bajo el sol, o bajo la luna en este caso.

Desconecto mi modo avión y me encuentro con varias conversaciones donde me alertaban de algo que estaba sucediendo en este momento: el pequeño Nicolás estaba entrando en la casa de Gran Hermano VIP. Dicho suceso tampoco me pillaba de muy nuevas, ya que yo, una persona medianamente informada, había leído rumores de su posible incorporación.

Lo primero que me vino a la cabeza: esto es mierda de la buena.
Ahora se ve que al pequeño Nic, no le mola ya tanto lo de pequeño, pero es que mucho menos lo de Nicolás. Y como si de repente un Darth Sith se lo hubiera llevado al lado oscuro, desde este momento pide que el personal le llame Francisco o en su defecto "Fran", para los amigos. 
Guah. Esto pintaba demasiado bien.
Llego a casa y mientras estoy preparándome la cena e ingiriéndola, Telecinco estaba expandiendo su bomba de mierda televisiva en millones de casas, entre las que se encontraba la mía. Y es que el dato es muy jodido: casi uno de cada cuatro televisores vieron este nuevo y prometedor hit.

Nos aguardan tres meses de brillantes guiones aparentemente improvisados, donde gentuza de diferentes tipos de calaña, por un puñado bastante interesante de euros va a hacer el ridículo durante 24 horas delante de todo aquel voyeur que quiera. Bueno, con poner Telecinco en cualquier momento es suficiente.

Presentadores frustrados que quieren parecerse al Joker, hermanastros cuyos progenitores son de dudosa reputación, gente-sálvame para poder rellenar horas de tele, videntes casposos con coleta y túnicas en plan Gandalf... Y por último, tenemos al amigo íntimo de la hija adoptiva de una tonadillera que se encuentra en chirona, el cual, seguramente pienses como yo, tenga algún tipo de deficiencia o retraso y de este modo Mediaset pueda obtener algún tipo de subvención o algo. No lo sé.
Todo esto bajo el beneplácito de la ganadora de la anterior edición, de la cual no hemos enterado recientemente de unas supuestas estafas por parte de su representante durante los últimos años: Belén Esteban.
La estrella de Telecinco -esto ya denota tizne de televisión en este canal-, se dejó caer por el plató. Así a los espectadores de esta cadena, esos a los que continuamente nos hacen sentir como si nos faltasen unos días en el vientre de nuestras respectivas madres, ya nos queda claro que esta es la continuación de la mierda que dejamos el año pasado.

En fin, que sí, que lo vi. Que tengo datos que lo avalan, que no me arrepiento. Pero es que, de verdad, un hombre de mundo como yo, que ha conocido gente muy diversa, todavía se espanta viendo a un gordo inútil saltando en tutú y diciendo gilipolleces, a un mago y a un niño que decidió se espía para salvar el país. Todo esto en un mismo plano, en una misma pantalla y lo mejor de todo, sin cambiar de canal. Es que es como coger los personajes más trambólicos de las mejores películas y... ale! A disfrutar. 
Lo dicho, señoras y señores, disfruten, porque esto es un fiel reflejo de un país donde los ladrones están en lo más alto y los de abajo seguimos mirando el espectáculo con la cabeza hacia arriba, pensando que somos nosotros los que nos reímos, mientras que son ellos los que se están descojonando y llenando sus bolsillos de billetes.
Sí. Tenían razón: el mayor experimento sociológico que se ha hecho nunca. Una copia barata de lo que es nuestra sociedad.
Menos mal que todavía quedamos algunos que ven lo que somos, para saber lo que no queremos ser.


28 dic 2015

Madrugada

Caen las doce, algo se retuerce, algo se enhebra en el alma, algo cruje lentamente entre mis huesos. La pérdida, el respeto que nos queda, eso que añoramos pero que jamás confesamos. Puede que sean unos labios, quizás la luna que me convierte más en licántropo de lo que persona jamás llegué a ser.
Cuán de efímero es todo. Muchas cosas se van como vienen, pocos pasos para caer nuevamente en un precipicio del que jamás logré levantarme.

Es posible que sean estas tristes canciones; aquellas que embadurnan mi presente, que dibujan inviernos solitarios bajo manta. El fracaso resuena como un eco en esta habitación. Son los ojos cerrados lo que no me deja disfrutar del viaje, las maletas vacías lo que necesito para no volver a ahogarme.
Un tic-tac, un aliento que recorre mi cuello, lento; muy lento. Me aferro, me niego. Tropiezo, me caigo y me vuelvo a tropezar. Rutina del malestar, otra copa vacía antes de marchar, la misma cantina que hemos vuelto a cerrar.
Una de tantas vidas he quemado, curiosamente sin ser gato, me he vuelto a perdonar otra noche y he confesado a la virgen del pecado, que mañana lo volveré a hacer.

Son miles la noches, quizás unas cuantas las batallas en las que retamos a cupido, conociendo ya nuestra derrota. Muchos ya se han ido, otros solo acaban de llegar y a la fiesta abstemia tendremos cientos almas que emborrachar.
Sí, hace tiempo que Fito me hizo caminar despacito, que las prisas - pude aprender- nunca fueron buenas. Al oráculo le pregunté "¿qué esperaba de mi?". Nunca hubo respuesta. Puede que nada esperara, puede que no me escuchara, puede que nunca quisiera escucharla.

Cada mañana me engaño otra vez, puede que así nadie me retuerza entre sus garras, puede que así me proteja. La vida y la cartera, la puta y la doncella; es otra vez esa vieja historia, la misma mierda con distinto hedor. Putrefacción de sentimientos, suelas gastadas de rondar un destino sin ningún punto fijo, perdido, herido y por qué no decirlo, jodido por lo que todavía no ha venido y no poder resurgir de mis cenizas en otra vida.

10 dic 2015

Lo que queda

Sal en la herida, habitaciones vacías, llenas de soledad y ciertos toques de reproche.
Despertares que buscan manos debajo de las sábanas, sucias miradas que traspasan abrazos de cuerpos haciéndose uno.
Risas forzadas, apariencias de felicidad que se diluyen en la que siempre es la última de vodka hasta que venga la siguiente.
Restos de café, palabras de eternidad, promesas que nunca podremos cumplir, mentiras que tampoco queremos creer.
Puertas abiertas que esconden a un hombre maldito.
Torpes despedidas, un hasta la vista, puede que nos volvamos a encontrar.

Piel en carne viva, restos de maquillaje, palabras vacías que ya nunca vuelven.
La sensación de tener que aprender otra vez a andar, midiendo cada paso, fingiendo que no duele demasiado.
Relojes, atronadores tic-tacs, algunas verdades que no te voy a contar.
Tormentas, puestas de sol, tardes remoloneando por escondernos tras el colchón.
Miedos, filias, pero sobre todo fobias; fotos que cuentan demasiado, instantes que lo son todo.
Veranos, inviernos, tontos que pasan absortos ante tus ojos.
Frío, mucho frío, como una mano recorriendo la espalda, un puñal que parece que desgarra.

6 dic 2015

Lo he vuelto a hacer

La voluntad no buscada, un mal gesto a las cinco de la mañana, quizá la falta de ganas. Otro vaso derramado, otro verso mal contado, ese nexo de separación entre lo mío y lo propio. Es esa sensación, ese vacío en forma de precipicio, obsoleto por definición, simple pero eficaz. Directo a la sinrazón, estúpido, pardal, acérrimo a la no verdad, consuelo, para qué mentir, y dejarse llevar.

Ya no pago en calor, ya no te llenan los huecos, son todo silencios de ascensor, torpes y aturdidos por no saber dónde esconder la cara de la moneda que un húmedo y fresco diciembre te ha decidido mostrar.
Ando por los tejados, gato pardo, lías parda, melancolía en vena, ese extraño sabor parecido al de comerse la vida, la tenue pero expresiva sonrisa que se te queda al darte cuenta que mañana será otro día.
La canción que en forma de misiva retrata la vida, la falsa modestia en el día de la bestia. Expresando los defectos, nada concreto, todo etéreo. Sonrisas de bote, conservas de apariencia, me agarraste la pechera.

Camino erguido, torpe pero atolondrado. Ya no quedan más calles que patrullar en esta triste urbe, solo el aguacero del tiempo que en forma de realidad te deja amarrado a otra sirena en este naufragio. 
Agoniza el año, se derrama gota a gota, día tras día, y nos deja mirándonos con cara de bobos. Se me cuelan entre los dedos todos y cada uno de los complejos, caducos y taciturnos, inocuos, invisibles al intelecto de tus ojos.
Lo he vuelto a hacer. Me he dejado marchar. Me he vuelto a creer mis propias mentiras. He postrado mis rodillas como clamando al destino algo de coherencia. Quizás me falte paciencia y me sobre pausa.
Ahora me atrinchero, me desgasto como la piedra de un mechero. Apremian las horas, se deslizan hasta el ahora los minutos desperdiciados sin mirarnos.

21 nov 2015

Huele

Dicen que todo depende de la forma en que se miren las cosas, de sus colores, de sus texturas. Pero hoy no vengo a hablar de nada de eso. Aquello que me ha venido a la cabeza en este ventoso sábado son los olores.

Esos que son recuerdos, fracasos y victorias. Aquellos que fluyen, que no se pueden tocar ni ver, pero que embriagan la vida. 
¿A qué huelen las caídas?, ¿a qué huele el amor?, ¿y el desamor?. 
Hay un olor que embadurna cualquier soledad, cualquier tarde tonta en la que amanece demasiado temprano. Hablo del olor a lluvia, que como elemento purificador del corazón arrastra nuestros miedos y se lleva todo lo malo. Son un poco las lágrimas del universo, el consuelo del mundo que se va derramando en los cristales de tu habitación.

Un beso. Realmente, ¿eso huele? 
Quizás, y solo quizás, lo malo que tiene esto de los aromas, es que nos acostumbramos demasiado fácil a ellos. Es por esto por lo que al final, esos olores que nos vienen a recordar el ayer, suelen ser de cosas importantes, de momentos relevantes, de instantes desgarradores. 
El primer beso. El último beso.
Y sí, eso... huele. 
Estamos tan absortos en las cosas que nos pasan o que no nos pasan, que al final, no disfrutamos de los olores más sencillos. El olor de un cuerpo, de una ropa, el de un perfume, ese característico aroma que detectas cuando entras a un hogar en concreto. 
El del café recién hecho, el de la resaca, el de la duda, el de una carcajada dejando escapar tanto.

Huele el olvido, los tropiezos, el corazón, los malos gestos.
Huele el quizás, los recuerdos, las viejas fotos, los cuerpos revueltos que buscaban algo  de calor.
Huele el alma ajena, las caricias que erizan la piel, las risas que hacen perder conciencia, y con razón.
Y es que lo que más huele, no se ve.
Y sí, hoy huele.

16 nov 2015

París sin aguaceros

He querido esperar un poco para plasmar en unas pocas líneas mi opinión sobre todo lo sucedido el pasado fin de semana en la capital francesa.
Una vez más, la sintomatología de la estupidez y el fanatismo humano se ha hecho más que evidente. Considero repugnante cualquier asesinato en nombre de cualquier dios, pues estoy más que seguro que Él, nunca lo permitiría.
Sin más, creo que debemos pararnos a pensar y ver qué hay detrás del dolor que tantas familias francesas estarán pasando en estos momento; cuál es el origen de todo esto.
Recordar, que todo esto viene de más lejos, más incluso que el anterior atentado a Charlie Hebdo; pero mucho más. Viene de la opresión, del libre antojo de las superpotencias a someter a pueblos enteros para la fácil obtención del crudo, de las fronteras donde sea más conveniente, del poco respeto por lo que es una cultura diferente, y sobre todo, del hecho de forrarse de billetes armando tanto al régimen autoritario, como al pueblo que quiere alzarse para que las cosas cambien.
Es curioso como se nos parte el alma viendo un niño muerto en las playas turcas, como todos somos Charlie y como todos somos París. Pero a nadie le importa un carajo lo que está pasando a varias fronteras de distancia de nuestra acomodada morada. Te lo está diciendo alguien que se acaba de meter entre pecho y espalda un buen plato de pasta y ahora se encuentra metido en la cama escribiendo con un ordenador de más de mil euros. Sí, esa es mi comodidad, y desde esa estoy plasmando estas palabras.
Como en estas y otras cosas no me gustan los dobles raseros, yo voy adelantando mi parte de culpa.

Nunca, repito, nunca, justificaré cualquier causa armada y muchos menos cuando hayan víctimas de por medio, como es este y muchos otros casos. Es más, pese a no estar de acuerdo en utilizar violencia contra la violencia, posiblemente la palabra, contra estas personas donde su forma de vida es el fanatismo y no su religión, la palabra no sirve.
Porque en este caso, generalizar es lo peor que puedes hacer. Es hacer más grande a los asesinos, pues esta religión es mucho más que todo esto. ¿Estado islámico? No... Estos no representan a una religión milenaria y de tanto calado espiritual. Como mucho podríamos llamarlo "fanatismo islámico", que al igual que cualquier otro fanatismo, sea religioso o no, nunca es bueno.
Creer en un dios es darle un significado a tu cosmovisión de lo metafísico, de aquello que está más intrínseco del ser humano, del origen y final del mismo.

Somos el único ser vivo que tiene que protegerse de sí mismo, que se teme, que se mata.
¿Bastate significativo, no?

No podemos clamar el grito en el cielo cuando vemos lo que este fin de semana ha pasado en Francia. Lo podemos hacer, e incluso debemos hacerlo. Pero la hipocresía vuelve a pasearse en nuestras acomodadas vidas occidentales, donde por suerte no tienes que cerrar las ventanas para no escuchar bombardeos a unos pocos metros de tu casa, donde cada hora están matando gente o donde no tienes que trabajar en condiciones infrahumanas para conseguir ese fantástico mineral llamado coltán para que nuestros teléfonos y tablets puedan tener esa fantástica versión del último sistema operativo.

Si continuas leyendo y sigues pensando que estoy apoyando estos atentados. No has entendido nada. Mea culpa.

No creo en la violencia. No me gusta eso de sacar las armas a ver quien la tiene más grande. No comparto que Francia intente causar el mismo daño sufrido solo unos días después. No, de verdad que no...
Porque no confío en las naciones que dicen llevar el rumbo de este planeta. Mi corta vida me ha enseñado que únicamente debo confiar en las personas. Personas con un nombre y un apellido. Confío en los franceses, en los sirios, en los saudíes, en los alemanes e incluso en los estadounidenses. Todos ellos como pueblo. Pero disculpen mi osamenta cuando digo que no confío en Francia, Siria, Arabia Saudí y mucho menos en los EEUU.
En este nuestro país, una representante política decía hace unos días que España no había participado en la guerra de Iraq, o que como mucho habían estado en tareas de reconstrucción. No soy ningún cultureta, pero tampoco soy un gilipollas al que se le pueda tomar el pelo de esa forma. España se ha visto involucrada en una de esas guerras absurdas que hace que las personas sintamos vergüenza de nosotros mismos. Y lo peor, lo de siempre. Lo pagan miles de personas inocentes, muchas de ellas indirectamente, por ejemplo en forma de atentado como lo fue el 11-M. Eso sí, cómo se nos llenó la boca diciendo que era ETA. Y eso que a día de hoy nadie ha pedido perdón todavía por meternos en una guerra a la cual nadie nos había llamado.

En fin. Yo no voy a estar más a favor de la paz por ponerme en las redes sociales mi foto con marcas de agua de la bandera francesa. "Que los que maten, se mueran de miedo", decía el poeta. Pero todos. Todos lo que matan y facilitan el odio para que esto pase. Porque al final, lo fácil es ver el tiro en la cabeza de la víctima en un telediario -sin justificar-, pero lo complicado es ir más allá, saber el origen de las cosas, el porqué. Y eso, muchas veces es la letra pequeña que nadie nos explica sobre nuestra acicalada y acomodada realidad en la que estamos inmersos y vivimos.


10 nov 2015

Caer

Meto la llave en el contacto.
Recuerdo en tan solo un instante el placer que puede proporcionarte sentarse y solo escuchar el mínimo sonido que una luz puede hacer al estar encendida.
Cierro los ojos, conecto mi viejo casete y una vieja melodía ayuda a espabilarme mientras decido que el viaje se va a iniciar.

Así pasan los días, con más idas que venidas. Mientras giran las ruedas, presientes que hoy será otra bala perdida, otro 29 de febrero en el que al día siguiente parece que ya eres más viejo.
Se doblan conmigo las esquinas, los semáforos se apagan tras mi paso. Otro rojo que me salto, otro verde en el que paro.

No hay luz mientras avanzo, sombras de mi sombra, el frío asfalto que me abochorna. Los espejos están rotos, perecen corazones, reproches en el café de las seis, esa última copa que sobraba, esa despedida, ese tic-tac al compás de unas gafas que derrochan fantasía, que esconden alevosía cuando te vas.

No hay rumbo, no hay destino. Solo pasos atrás por miedo a perder el equilibrio. Es soez este precipicio, estas ganas de todo, este nadar ahogándose en el mar donde los sueños naufragan en una playa desértica. Allá donde la reina Comodidad se apoltrona otra noche a la luz de mis ojos.

En el camino, niebla, dudas y charcos. En el destino, todavía no he coincidido. Que me esperen sentado, que no todos lo días son sábado, pero que los domingos parecen raros cuando las almohadas son mi mejor trinchera.

No soy un narco de la soledad. Solo el transportista de mis días, el viejo vaquero que desenvaina su vida, aquel que espera que amaine la tormenta mientras crea un terremoto al colgar su chaqueta.
Sin darme cuenta ya he llegado. No sé si es mi destino o es el destino. Nadie me dijo que solo pudiera caminar; nadie me dijo que cuando cayera, caería de verdad.

30 oct 2015

Vaya, vaya...

Explota, te deja agotado y sin recursos. Es esa vieja sensación de incertidumbre, betún en la cabellera, buscando algo de suelto en la chequera para pagar a la luna otra noche de gracia. Se agasaja entre los pedazos de mis desechos, algo se me cruza entre los ojos; será una mota de polvo, será otra lágrima de nosotros.
Sopesamos los días pasados, rompemos en dos la vida, cada uno va tirando tratando de encontrarnos en el olvido. No hay mesa para dos, las velas se apagaron, todos se fueron marchando y solo dejaron esta alma desordenada, este frío que me entra cada noche a las tres de la mañana.
Me destrozan los domingos por la tarde, las mañanas sin llamadas solo para saber cómo estabas. El torpe tropezar de pies al tratar de recordar eso de caminar sin la presencia de una sombra. 

Es una pompa, unas viejas letras que un día te escribí. Me siento en la arena, espero a que suba un poco más la marea, que el salitre se cuele en mi piel, que vuelvas y no me preguntes ni el porqué.
Que no por repetir el triste estribillo, es más alegre esta canción.
La melancolía como forma de vida un día llamó a mi puerta, se atrincheró en mi cama y es la única que me abraza cuando el gris de los días no acompaña, cuando parece que llueve y no puedo saltar en ningún charco por miedo a ahogarme.

Se va quebrando mi voz, ya no recuerdo ni el día de hoy. Nunca interesa cuando el mañana parece un chiste mal contado, una jugada torpe del destino que en su casa sigue descojonándose tomando una copita de vino.
Me comparo con esa cuadratura del círculo, ese beso mal dado, ese caminar que rompe esquinas, esas vidas podridas de latir que la aurora recuerda que todavía queda llama.

No cuelgues, espera un par de tonos más. Paciencia, que a esto de vivir nunca nadie me enseñó. Que parece que esto vaya de tropezar y tropezar, de hundirte tratando de avanzar, de ensuciarte las botas como cicatrices llevas en la espalda.

30 sept 2015

Octubre

Acecha octubre, se deja en entredicho, se agasaja entre nosotros. Va descalzo por la casa, se tapa con una manta, se deja acurrucar en tu regazo. Es como un juguete nuevo, esa vecina que no sabías que existía pero que una tarde tonta te hace ojitos en el ascensor.
Es tiempo de dejar crecer el pelo, de limpiar los cristales de tus gafapasta, de que tus pies no se queden fríos por miedo a que no haya alguien que los caliente.
Son mañanas de desperezarse, de mirarse al espejo, de disimular las canas y arrugas, de café sin azúcar, de salir por la puerta sin saber cuándo volver.

Es un mes diez. Como diez son los fracasos que a estas alturas de año llevas. Bolsillos vacíos, ni un puto duro y menos todavía dignidad. Se aguan los hielos de esta copa. Se derraman en esta barra el desengaño, el reproche, los besos largos, el dueño de unos labios a mar abierto.
Es el naufragio de otro mayo, la duda de otro verano, la pena de antaño. Ya no contarán tu historia en la radio, serás otro bufón que nunca más subirá a ese escenario. Es este vicio innegable de soledad en vena, esta trinchera que tu arteria coagula y espera el frío de otro triste y soleado invierno. 
Serás la viva caricatura, el stronzo di merda, la puta que despasa tu camisa.

La mente se confunde, se deja engañar por cada gota, ya no se sonroja. Se cala como un zaguán mojado, entreviendo un mal gesto, un simple abrazo o perfume de desdén. 
El tropezar tonto, la mitad del final de un principio, lo justo, quizás más de lo adecuado. La torpe mentira que el calendario acentúa, el tosco botín de una vida que en nada queda cuando por sorpresa te encuentra en ropa interior.
Siempre quedará algún reproche de lo que el año pudo ser, puede que incluso quede dignidad en las palabras.

Entretanto un noviembre que acontece un diciembre te va dejando en evidencia, terminando un año de desdichas, torpezas y caricias.


15 sept 2015

Podría acostumbrarme

A veces, la vida te concede caprichos. Te hace tocar tus sueños con la punta de tus dedos y levitar unos pocos centímetros haciendo aquello que amas.
Porque de eso se trata, ¿no? De vivir. De levantarme cada mañana sabiendo que vas a disfrutar con aquello que haces, que vas a estar en un lugar donde "crecer" es sinónimo de "progreso".
Nadie dijo que buscar tu camino fuera una cosa fácil; muchos desisten y toman vías alternativas. Y yo, sería un mentiroso si negara mi constante debilidad de tomar otros caminos, y mi constante sensación de que esto no va a llevar a ningún sitio. Pero siempre acabas sacando fuerzas, y sobre todo ganas, para seguir allá donde crees que tienes que estar.

Conviene en ocasiones jugársela, decir que no para luego decir que sí. Apostar con todo el riesgo de fallar -con lo que eso conlleva- y con la satisfacción de un posible éxito, que seguramente en esos momentos no podamos apreciar.
Y con todo esto, sucede que a veces te encuentras tan cerca y tan lejos... Saboreas, disfrutas, te emocionas sabiéndote el más privilegiado de todos. Porque sí, lo eres. Más que nunca, ahora es así. Porque nadie lo creyó, ni siquiera uno mismo. 
Que nadie diga que no lo has intentado. Que nadie diga que no has apostado por ti.

He tenido la oportunidad de conocer a gente fantástica. De jugar en la primera división de lo mío. Porque aquí nadie te conoce y de nada vale lo que puedas haber hecho antes, y este es el momento de demostrar. ¿Y sabes qué? Hay algo de lo que poder estar orgulloso en tu camino: el hecho de no haber llegado aquí por guapo, por haber lamido las heces de algún ano, ni por el hecho de que algún "amigüete" haya levantado el teléfono.

Sí. He disfrutado. He aprendido como nunca te imaginas. He aprehendido de los grandes profesionales, tanto de lo nuestro como de la vida. Y de lo que puedo estar seguro es de haber sabido siempre cuál ha sido mi lugar, sin pretensiones, sin presiones e intentar hacer las cosas de la mejor forma posible.
Hay momentos que no se han publicado en las redes sociales, que me los quedo para mí; para mi uso y disfrute. Como mucho, para compartirlo con todo aquél que quiera escuchar algún chascarrillo. Nada más.
Porque hay cosas que son demasiado de verdad, que no se pueden explicar, y que tampoco es necesario contar.

Que además, eso de estar solo en una ciudad como esta, mientras en casa las cosas no iban como a uno le gustaría, realmente no ha sido fácil. Pero mentiría si dijera que esto ha sido así, porque sentía el calor de muchas personas que no han dejado de esta ahí, sin estar aquí.

¿Saben que les digo? Que volveré, no se muy bien a dónde, pero lo haré. Y pese a que hoy sea un día gris, literalmente, pesa más lo vivido que otra cosa. Es una marcha para valorar todo lo que ha pasado, para seguir probando cosas, pero sobre todo para seguir aprendiendo.
Sinceramente, podría acostumbrarme a seguir viviendo de mi ilusión, porque en ocasiones como esta, te das cuenta que nuestras metas en ocasiones se pueden tocar con la punta de los dedos.
Larga vida a los sueños. Y... cuidado, que en ocasiones se pueden hacer realidad.