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1 feb 2016

Otra historia que no voy a contar

Se va escapando, deshaciéndose entre los dedos,
la palma de una mano que encuentra su homóloga,
un triste beso en la mejilla
calentando por un instante este frío cuerpo.

Cuestión de carne, frívolo, quizás incluso tierno.
Los dados que ya nunca sacan dos,
la suerte de desaparecer;
todo un arte eso de saberse esconder.

No llaman a esta puerta los ángeles del cielo,
se cuelan entre las piernas algo parecido al infierno,
la fe del pecado,
jurarle a un dios que mañana lo volveré a hacer.

Lejos están los buenos amigos,
hermanos de vida que este escenario vacío han dejado.
Rumbos que en el propio camino se encuentran,
intersecciones de nuestra existencia.

Los lunes ya no son al sol.
Ahora desordeno mis ganas,
me apego a mi cajita de recuerdos,
donde guardo las pequeñas cositas que valen la pena.
Ahí también escondo algunas dudas,
mis filias y cómo no mis fobias.

Me envuelvo con el traje nuevo del emperador,
me engaño otra mañana,
espero acurrucado en la cama,
y sueño esta vez que no me atormente el despertador.

Disuelvo las ganas en otro café,
me lavo la cara,
me arranco de cuajo con agua
las ganas de salir otra vez por esa puerta.

Otra historia que no voy a contar.
Ya es demasiado pronto para pensar en el martes.
Un espacio en blanco,
un espejo que cuenta demasiado,
estas líneas que esconden tanto.


10 dic 2015

Lo que queda

Sal en la herida, habitaciones vacías, llenas de soledad y ciertos toques de reproche.
Despertares que buscan manos debajo de las sábanas, sucias miradas que traspasan abrazos de cuerpos haciéndose uno.
Risas forzadas, apariencias de felicidad que se diluyen en la que siempre es la última de vodka hasta que venga la siguiente.
Restos de café, palabras de eternidad, promesas que nunca podremos cumplir, mentiras que tampoco queremos creer.
Puertas abiertas que esconden a un hombre maldito.
Torpes despedidas, un hasta la vista, puede que nos volvamos a encontrar.

Piel en carne viva, restos de maquillaje, palabras vacías que ya nunca vuelven.
La sensación de tener que aprender otra vez a andar, midiendo cada paso, fingiendo que no duele demasiado.
Relojes, atronadores tic-tacs, algunas verdades que no te voy a contar.
Tormentas, puestas de sol, tardes remoloneando por escondernos tras el colchón.
Miedos, filias, pero sobre todo fobias; fotos que cuentan demasiado, instantes que lo son todo.
Veranos, inviernos, tontos que pasan absortos ante tus ojos.
Frío, mucho frío, como una mano recorriendo la espalda, un puñal que parece que desgarra.